La reinterpretación del Impresionismo
El museo Thyssen-Bornemisza, en colaboración con la fundación Caja Madrid y el Ministerio de Cultura, ha decidido albergar, entre sus paredes, algunas de las más prestigiosas obras del magnífico Joaquín Sorolla.
La exposición, que abrió sus puertas el 30 de octubre y que finalizará el 7 de enero, cuenta con 128 cuadros cuya autoría se reparten John Singer Sargent (1856-1925) y Joaquín Sorolla (1863-1923).
Madrid nos ofrece, en estos preciosos días navideños, la posibilidad de acercarnos a disfrutar de una de las más extraordinarias exposiciones de los últimos años. Una exposición que ha decidido reunir a dos autores contemporáneos y afines, aunque con claras diferencias tanto en su estilo, como en sus preferencias, alcanzando en su madurez una conexión mucho mayor. No quisieron llamarse impresionistas, pese a que fueron considerados por muchos como tales. Reinterpretan este modelo artístico para inventar uno propio, con resabios de pasadas influencias y toques de modernidad.
Ambos pintores, pasaron por diferentes fases y estilos intentando hallar su identidad artística.
Sorolla la alcanzó hacia 1890, en la que su interés se inclinó sobre la pintura de denuncia social, dejando a nuestro alcance obras tan grandes como ¡Aún dicen que el pescado es caro! o Trata de Blancas.
Más adelante, el exquisito pintor valenciano, firmemente arraigado a su tierra, y que desde joven hubo practicado la pintura al aire libre, maravillado por la luz y belleza mediterránea, se decantó por la pintura que más fama le otorgó, y que es llamada “Pintura de género”. Con ella, Sorolla consigue imprimir un realismo cargado de lirismo. Sutil, sugerente y luminoso. Jugando con las luces, los colores y los movimientos, la figura humana cobra vida y esplendor bajo su pincel.
De esta gran época, conocemos cuadros tan bellos como “La hora del baño”, “Paseo a orillas del mar” y tantas obras inundadas de luz y mediterráneo.
Tras compartir con Sargent su afición a los retratos individuales y de grupo, ambos pintores se acercan, a su muerte y a su última etapa pictórica, con imágenes menos definidas y movimientos más marcados, en donde es posible apreciar sus influencias comunes y la clara devoción por algunos pintores precedentes, como la que les suscitó Velázquez.
En definitiva, detrás de estos grandes artistas, y sobre todo Sorolla, del que nos enorgullecemos como compatriotas suyos, se encuentra un excelente trabajo, que ahora, en estas fiestas navideñas, tenemos ocasión de visitar. Si no tenéis tiempo, siempre cabe la posibilidad de acercarse a la casa de Sorolla (C/Martínez Campos) donde permanentemente se expone su obra, y que constituye en si misma otra joya artística. En este caso de arquitectura.
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