MÁS ALLÁ DE LA CRISPACIÓN, HACIA UNA RESPUESTA DISTINTA

Muchas veces, cuando trato de encontrar una respuesta a las realidades sociales que más me interrogan, me pierdo en medio del ruido. El ruido lo constituyen tantos juicios y opiniones, desinteresados e interesados que he escuchado a lo largo del tiempo. Se introducen poco a poco entre mis opiniones, allí donde residen las pocas verdades que he alcanzado en mi vida, y allí se mezclan. Llega un momento en que no sé distinguir esos juicios repetidos y magnificados por la prensa y las personas que tanto hablan, de las certezas que yo he experimentado. Es así como se forma nuestro pensamiento, como un conglomerado de ideas autónomas y otras simplemente tomadas de otros. Y es así, en medio del ruido, como nace la crispación y la indignación contra los otros.

Todo esto se pone a prueba con las cuestiones realmente importantes, cuando es tiempo de dar respuesta a los asuntos más profundos y complejos. En ese momento busco la autenticidad de raíz de cuanto salga de mi boca. Y entonces sé que la palabra de un cristiano es siempre distinta. Ni moderna, ni antigua: distinta; ni progresista, ni conservadora: distinta; ni mía ni tuya: distinta; Es una palabra presidida por la prudencia, la libertad y el amor como fuerza radical que se entrega hasta el extremo; palabra que no conoce de convenciones, sino que busca sin miedo la verdad, el camino y la vida. Entonces vuelvo a descubrir, una vez más, que también estas ocasiones son momentos para vivir abiertos al Espíritu, que es uno y el mismo en toda persona, y “hace nuevas todas las cosas” (Ap. 21, 5).

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¿Quién es Loreley? Loreley es el nombre de una peña situada a la orilla este del Rin, cerca de Sankt Goarshausen. Su nombre designa al tramo más estrecho y profundo del río legendario. Desde la Edad Media existen referencias a su utilización como marca en los caminos. Y también, historias y lamentos acerca del peligro que corrían quienes navegaban por el Rin y a ella se acercaban. Por aquellas tierras, ricas en mitos e historias, se propagó la noticia de que una sirena habitaba en la roca. Orientaba a los pescadores, que obtenían una pesca abundante. Pero muchos también naufragaban, cautivados por el embrujo de sus cantos. Los grandes autores del romanticismo alemán escribieron versos a la sirena Loreley, como Heinrich Heine en 1824. Yo, que de sirena tengo poco, en cambio sí quisiera interpretar mis cantos desde la roca en que me siento. Desearía que pudieran ayudar a quienes los escuchan a obtener una pesca abundante. Soy consciente de que si alguien tratara mis palabras como verdades absolutas, podría naufragar. A veces yo he sido la primera. Pero permanezco en mi puesto. Interpreto mis cantos de sirena. Y me esmero por llegar a quien los escucha. Mi formación es económica y jurídica, y ambos enfoques están siempre presentes en mis ideas. La cultura es una de mis pasiones. No como saber acumulado, sino como manera de mirar la vida. Disfruto con el arte, en todas sus formas. También con las humanidades. Soy conciliadora en el conflicto, y me gusta opinar. Lo social jamás me es indiferente. Y quisiera comportarme como cristiana cuando escribo. Este deseo exige mucho de mí. Me obliga a reconocer, con franqueza, mis fallos; a expresar mis anhelos; a no callar; a callar a veces; a denunciar; a alabar; a preguntarme; a leer; a disfrutar; y a permanecer en esta Roca, entonando mis cantos de sirena.



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