CULTURA: Una mirada a los juicios de Nuremberg

La ciudad de Nuremberg fue testigo, hace ahora 60 años, de los procesos judiciales que ejecutaron y encarcelaron a los principales líderes nacionalsocialistas y que cambiarían el Derecho Internacional para siempre. El primero de ellos tuvo lugar entre 1945 y 1946 contra veintidós líderes principales del nacionalsocialismo, y sentó la jurisprudencia que luego se aplicó en los restantes doce procesos contra autoridades de nivel inferior, entre 1947 y 1948.

La exposición “El proceso de Nuremberg. El archivo Kaplan”, que ha albergado el Círculo de Bellas Artes de Madrid, conmemora este hito y permite que aquellos juicios entren en diálogo con nuestro mundo de hoy.

El visitante redescubre la perversión que alcanzó el régimen nacionalsocialista y que empapaba todo su sistema, desde los fundamentos en que se basaba hasta las servidumbres que imponía entre las personas. La maquinaria imparable de la obediencia a los superiores, a quienes los miembros del Partido del Reich debían toda la lealtad, arrasó con más de cincuenta millones de vidas humanas.

Todos cumplían órdenes. De aquí surge la pregunta profunda que latía en cada página de los pronunciamientos judiciales: ¿es un hombre responsable de sus actos? ¿fueron estos hombres libres en sus actuaciones? ¿deben, por tanto, pagar por ellas?. La clave de la respuesta judicial fue determinar que el ser humano es libre. Eso hace de él un sujeto moral, cuyos actos son buenos o malos: luego ha de ser responsable de ellos. Incluso -y esto fue lo más polémico- si está actuando conforme a las leyes vigentes.

Se juzgó la participación de los inculpados en los crímenes del nacionalsocialismo, que se redujeron a tres categorías: crímenes contra la paz -agresiones contra países, adopción de la guerra como medio preventivo de defensa -, crímenes de guerra –excesos cometidos en el desarrollo de las operaciones bélicas- y crímenes contra la humanidad –exterminio de pueblos, represión de los enemigos políticos, homosexuales y discapacitados entre otros-.

El fundamento en que se apoyaron los juicios de Nuremberg es el que ha llevado a enjuiciar las acciones criminales de personajes como Milosevic, Pinochet o Sadam Husseín. Cada caso ha sido diferente. La comunidad internacional no ha alcanzado un acuerdo sobre cómo han de llevarse a cabo estos procesos. Queda mucho por andar. Pero, al menos, algo resulta claro: los autores de crímenes tan horrendos no podrán refugiarse en el cumplimiento de la ley o en la obediencia a un superior. Tampoco podrán escapar de la justicia por el hecho de que en su Estado no existan órganos que los juzguen.

Existen normas morales más allá de lo que dicten las leyes. La libertad del hombre le hace responsable de su vida y de quienes se encuentran a su cargo. Dijo Hitler que “al comenzar y dirigir una guerra no es el derecho lo que importa, sino la victoria”. Frente a su ambición destructiva la respuesta es clara: en realidad, no es el derecho lo que importa, sino la Justicia.

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¿Quién es Loreley? Loreley es el nombre de una peña situada a la orilla este del Rin, cerca de Sankt Goarshausen. Su nombre designa al tramo más estrecho y profundo del río legendario. Desde la Edad Media existen referencias a su utilización como marca en los caminos. Y también, historias y lamentos acerca del peligro que corrían quienes navegaban por el Rin y a ella se acercaban. Por aquellas tierras, ricas en mitos e historias, se propagó la noticia de que una sirena habitaba en la roca. Orientaba a los pescadores, que obtenían una pesca abundante. Pero muchos también naufragaban, cautivados por el embrujo de sus cantos. Los grandes autores del romanticismo alemán escribieron versos a la sirena Loreley, como Heinrich Heine en 1824. Yo, que de sirena tengo poco, en cambio sí quisiera interpretar mis cantos desde la roca en que me siento. Desearía que pudieran ayudar a quienes los escuchan a obtener una pesca abundante. Soy consciente de que si alguien tratara mis palabras como verdades absolutas, podría naufragar. A veces yo he sido la primera. Pero permanezco en mi puesto. Interpreto mis cantos de sirena. Y me esmero por llegar a quien los escucha. Mi formación es económica y jurídica, y ambos enfoques están siempre presentes en mis ideas. La cultura es una de mis pasiones. No como saber acumulado, sino como manera de mirar la vida. Disfruto con el arte, en todas sus formas. También con las humanidades. Soy conciliadora en el conflicto, y me gusta opinar. Lo social jamás me es indiferente. Y quisiera comportarme como cristiana cuando escribo. Este deseo exige mucho de mí. Me obliga a reconocer, con franqueza, mis fallos; a expresar mis anhelos; a no callar; a callar a veces; a denunciar; a alabar; a preguntarme; a leer; a disfrutar; y a permanecer en esta Roca, entonando mis cantos de sirena.



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