Sobre el mal llamado proceso de paz
Efectivamente, hay que nombrar las cosas por su nombre. Nos encontramos ante un “mal llamado procreso de paz”, porque para que haya paz, primero tiene que haber guerra. Para que se produzca un proceso de paz, antes hemos de encontrarnos en un estado de guerra. Y aquí, en España, no estamos en guerra. No hay dos bandos enfrentados que se matan entre ellos por tener fines u objetivos distintos. Aquí existe una banda de criminales que asesinan a todo aquel que no está dispuesto a ceder a sus chantajes y objetivos políticos. Y otros que sufren la muerte, la extorsión y la destrucción familiar a causa de unos desequilibrados que matan sin pudor.
Me gustaría que nos retrotrajésemos en el tiempo, allá por marzo del 2005 y que refresquemos la memoria sobre cómo estaba la banda terrorista ETA en esos momentos. Os lo recuerdo: a punto de ser aniquilada. Los Oteguis, Permachs y compañía no salían en los medios de comunicación, las detenciones policiales en los últimos años eran constantes, la kaleborroka brillaba por su ausencia, HB ilegalizada y una conciencia generalizada de que a ETA le quedaba muy poco, por primera vez en la historia, para ser fulminada. En ese contexto, al presidente Rodríguez Zapatero se le ocurre comenzar un proceso de negociación, de diálogo con ETA, cambiando de raíz la política antiterrorista del Gobierno Aznar. ¿Por qué? Algún día lo sabremos.
Es momento éste para recordar qué es lo que ha manifestado reiteradamente la Conferencia Episcopal Española respecto del terrorismo: “Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político legítimo de ningún sector de la población, ni puede tenerla como interlocutor político. Los eventuales contactos de la autoridad pública con los terroristas han de excluir todos los asuntos referentes a la organización política de la sociedad y ceñirse a establecer las condiciones conducentes a la desaparición de la organización terrorista, en nuestro caso, de ETA”.
Y yo pregunto: ¿se ha estado reuniendo el Gobierno con ETA para ver cómo y cuándo procedía la banda asesina a su desaparición, o han estado hablando de política, siendo por tanto ésta un interlocutor político?. El Gobierno, para defenderse, ha estado diciendo que no se han producido en esos contactos cesiones políticas. Y yo pienso:¿ no asegurar que HB no se va a presentar a las próximas elecciones, no intentar ilegalizar al Partido Comunista de las Tierras Vascas (que, por cierto, se ha negado a condenar el atentado de Barajas), permitir que la kaleborroka campe a sus anchas provocando más de 200 actos de terrorismo callejero en los últimos meses, mirar para otro lado con la permanente extorsión que sufren los empresarios vascos y navarros, provocar la debilidad absoluta del Fiscal General del Estado en su lucha contra el terrorismo, permitir que las asociaciones proetarras se manifiesten cada fin de semana en las calles del P.Vasco, no impedir que Otegui y compañía salgan todos los días dando ruedas de prensa cuando son portavoces de una formación ilegalizada y un largo y desesperante etcétera…son o no son concesiones políticas?
Y ETA, como no se le conceden todas sus peticiones políticas, pone una bomba utilizando la mayor cantidad de explosivo de toda su historia, mata a dos personas, vuelve a destrozar la vida de dos familias, y a día de hoy, casi un mes después del atentado, todavía el presidente del Gobierno no ha utilizado el verbo “romper” para referirse al proceso de diálogo (muchos le llamamos “de rendición”) con ETA. La sumisión de este Gobierno a la banda terrorista es escalofriante. ¿Por qué?. Se sabrá.
No sólo eso, sino que ha realizado, por segunda vez en cuatro meses, un pacto con todas las fuerzas políticas del Parlamento, para que cada vez que el Partido Popular promulgue una propuesta en materia antiterrorista, directamente se tenga por no realizada –recogiendo la petición del actor argentino Luppi de establecer un cordón sanitario social contra el PP-. Se expulsa del Congreso al principal partido de la oposición (por cierto, el único que habla de derrota de ETA, en vez de diálogo con ETA).Como dijo Rajoy: “ni con Stalin” ocurrían estas cosas.
Ante esto, ¿qué hacer? De momento, el Foro de Ermua, secundado por la AVT y la mayoría de las asociaciones de víctimas del terrorismo, nos ha convocado a una manifestación el 3 de febrero en Madrid con un lema muy claro: “Por la libertad. Derrotemos juntos a ETA. No a la negociación”.
Allí deberíamos estar. Allí estaremos.
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