La situación moral en España

Apenas hace dos meses que los obispos de las diócesis de España han aprobado un documento titulado Orientaciones morales ante la situación actual de España. Merece la pena hacer algún comentario por la categoría y la clarividencia con que se tratan algunos aspectos.
Es ya un tópico el referirse a los cambios que se han dado en nuestra sociedad en los últimos años: por un lado la llegada de la democracia, con los elementos de reconciliación, perdón, paz y convivencia. Sin embargo, da la impresión de que se quiere hacer borrón y cuenta nueva, y no precisamente para perdonar y reconciliar sino para abrir viejas heridas con una supuesta “memoria histórica”y así avivar sentimientos y pasiones que parecían definitivamente superados. Por otro lado, se está dando un desarrollo alarmante del laicismo. La Iglesia reconoce la justa autonomía del orden temporal, pero de esta autonomía no se puede seguir que haya que prescindir de Dios en la visión del mundo, del hombre e incluso de las normas y objetivos de nuestras actuaciones personales y sociales.
Últimamente da la impresión de que se trata de imponer un modo de pensamiento en el que el Estado no reconoce la vida religiosa de los ciudadanos como un bien positivo que forma parte del bien común de los ciudadanos, digno de ser protegido por los poderes públicos, sino que se considera la vida religiosa más bien como una actividad peligrosa para la convivencia, que debe por tanto ser ignorada, marginada y aun políticamente reprimida.
Se da por supuesto que las religiones no pueden proporcionar un conjunto de convicciones morales capaces de fundamentar la convivencia en la pluralidad al presentarlas como fuente de intolerancia. Con este panorama, la situación parece servida: el poder político será el que configure la nueva conciencia de los ciudadanos en sustitución de sus valores religiosos y morales.
Resulta asombroso cómo se puede inocular de manera sibilina en una sociedad la idea de que la religión al defender una verdad y un bien objetivo cae en el fundamentalismo y la intolerancia, cuando el problema no es de visión religiosa o laica, sino del deseo de imponer a los demás mis propios criterios sean religiosos o sean laicistas.
Supone el texto de la Conferencia una llamada también a analizar las causas de la descristianización: el rápido enriquecimiento, la multiplicidad de ofertas para el ocio, el exceso de ocupaciones o la obnubilación de la conciencia ante el rápido desarrollo de los recursos de la ciencia y la técnica. Necesitamos tiempo para pensar, reflexionar, hacer un alto en el camino y descubrir el verdadero sentido y destino de nuestra vida.
Ante esta situación los cristianos somos responsables en orden a superar la desesperanza y el enfrentamiento, anunciando el gran “sí” de Dios a la humanidad en Jesucristo y desde una identidad católica fuerte, es decir, apoyados en la fe, fomentando la formación en la misma y defendiendo especialmente el valor del matrimonio y la familia.

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