Nos apremia el amor de Cristo
Estimado Señor Director:
Quería en primer lugar felicitar y dar ánimo a todos los que han trabajado en la creación de esta “Gaceta Digital” y a los que van a seguir haciéndolo, colaborando con sus aportaciones y en su actualización.
Soy un espía bien intencionado. Intento, con la mayor discreción posible, conocer cuáles son los intereses de mis hijos y apoyarles cuando encuentran un ámbito de actuación y crecimiento en la Fe apropiado para su edad. Movida por esa inquietud he tenido acceso a leer el primer número de la Gaceta Digital de la Parroquia de San Jorge. Creo que este espacio dedicado a “formar e informar” desde una perspectiva católica y orientada a los jóvenes tiene una gran riqueza y puede ofrecer muchas posibilidades de crecimiento para los demás. Para nosotros “los mayores” es una gran alegría y un motivo de esperanza comprobar que hay jóvenes formados y orgullosos de sus valores cristianos.
Habéis asumido una responsabilidad y seguro que necesitaréis mucho esfuerzo y constancia para mantener viva esta publicación. Desde aquí me gustaría enviaros mis agradecimientos, al que no me cabe ninguna duda se unirá el de muchos otros padres. también reiterados mis palabras de ánimo para seguir con el compromiso que habéis iniciado.
Os adjunto un párrafo de la Carta Encíclica del Papa Benedicto XVI “Deus Caritas Est”. “Dios es amor”, ese Amor os sustentará en el servicio a otros jóvenes y el Papa nos explica cómo debe ser ese servicio. Creo que a los que estáis dedicando vuestro tiempo a esta gaceta os puede servir de ayuda.
Atentamente,
Inmaculada
“Cuanto más se esfuerza uno por los demás, mejor comprenderá y hará suya la palabra de Cristo: “somos unos pobres siervos” (Lc 17,10). En efecto, reconoce que no actúa fundándose en una superioridad o mayor capacidad personal, sino porque el Señor le concede este don. A veces, el exceso de necesidades y lo limitado de sus propias actuaciones le harán sentir la tentación del desaliento. Pero, precisamente entonces, le aliviará saber que, en definitiva, él no es más que un instrumento en manos del Señor; se liberará así de la presunción de tener que mejorar el mundo – algo siempre necesario – en primera persona por sí solo. Hará con humildad lo que le es posible y, con humildad, confiará el resto al Señor. Quien gobierna el mundo es Dios, no nosotros. Nosotros le ofrecemos nuestro servicio sólo en lo que podemos y hasta que Él nos dé fuerzas. Sin embargo, hacer todo lo que está en nuestras manos con las capacidades que tenemos, es la tarea que mantiene siempre activo al siervo bueno de Jesucristo: “Nos apremia el amor de Cristo” (2 Co 5,14).” (DEUS CARITAS EST, 35)
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