Del sueño a la realidad
Si dejas el cajón de los sueños abierto, podrás observar con fascinación como decenas, cientos, miles de ellos revolotean por tu espacio llenando el todo. El sueño se expande como el agua. Y es tan extenso como nuestra imaginación.
Podemos soñar una vida o varias. Podemos atrapar ideas y encerrarlas. Para compartirlas o simplemente para guardarlas. Tenemos la posibilidad de atarlas, hacer bellos paquetes de sueños y enviarlos. Al destinatario que gustemos. O, meramente, aplastarlos.
Lo cierto es que lo que soñamos, en la consciencia, en la inconsciencia o en el letargo, es parte de nosotros. De nuestro yo más profundo. Formando parte de la masa inconexa que nos compone.
Si alguien pudiera vaciar su parte incorporal en una bolsa, observaríamos un alma cargada de anhelos, de historias, de angustias. Un alma viva, que incesantemente busca y desea.
El sueño es dueño de nuestras noches pero, a veces, también de nuestros días. Y proyectamos en el trabajo, y en la siesta. Y elucubramos ensoñaciones que nos dominan. Y disfrutamos del paraíso inmenso en el que nos erigimos monarcas, y en el que campamos a nuestras anchas haciendo y deshaciendo.
La vida que escondemos al que nos mira, o que regalamos, en forma de confidencia o de secreto. La vida que podemos tener o jamás llegar a conocer. El misterio de nuestro silencio. Y a veces un secreto, o varios, que se escapan sutil y delicadamente.
Sin embargo, el despertador suena, la radio grita. La realidad te golpea sin derrumbarte. Pero se hace oír. Pide a gritos que se le devuelva su ser, su personalidad. Su lugar en tu mundo.
Y entonces, parece que lo que deseo ser con lo que soy se declaran la guerra.
O quizá no. Es posible que pueda anhelar y vivir. Vivir lo inmediato, lo auténtico, lo que veo, lo que miro o lo que observo. Lo que tengo delante. La belleza dura de mi yo, de lo que tengo y del camino que me espera.
Podré soñar que soy, y ser al mismo tiempo. Para no desterrar aquello de creativo que el deseo nos produce, pero para no ser gobernados por una apetencia de irrealidad peligrosa que puede causar nuestra ruina.
El sueño es mágico pero confuso. Juega con nosotros, y eleva nuestras expectativas. Y nos aparta. Nos distrae del mundo, y de nuestro lugar, para llevarnos lejos.
Pero aquí estamos.
Miro alrededor y me doy cuenta de que existo. Toco la ventana, la mesa y el teclado. Lo acaricio. Y la mente vuela. Más lejos que mis sentidos y más rápido que mis dedos. Pero la llamo.- Quieta, que ahora es hora de trabajar-. Ya llegará su hora. La hora de las huidas. Por ahora, observo mi presente, y el tuyo. Que está aquí, ahora, delante de la nariz. Ya sea ganchuda, chata o afilada. El escenario es maravilloso. A pesar de la crudeza de algún amanecer.
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