La hipocresía

Esta semana ha llegado a mis manos un documento que hizo público el predicador del Papa, Raniero Cantalamessa alertando a la sociedad por la reinante hipocresía.
Esta denuncia llamó de inmediato mi atención por su contundencia y acierto, a mi modo de ver, en el diagnóstico de la sociedad actual.

“Bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios.” ¿Qué entendemos por pureza de corazón? La respuesta es clara. Nuestras acciones serán puras dependiendo de nuestra intención. Una acción de pureza de corazón es la que se hace para agradar a Dios y no para ser vista por los hombres. Por tanto la acción contraria a la pura no es la impura sino la hipócrita.

Estamos en una sociedad que se basa cada vez más en la apariencia, en el qué dirán, reduciendo a las personas a su imagen y no a lo que realmente son. Los cristianos debemos estar especialmente en alerta ante este fenómeno. Siendo hipócritas, reflejamos nuestra falta de fe y relegamos a Dios a un segundo puesto por debajo de las personas, nuestro público.

El padre Cantalamessa dice: “La hipocresía acecha a las personas religiosas por un sencillo motivo: donde más fuerte es la estima de los valores del espíritu, de la piedad y de la virtud, allí es más fuerte también la tentación de ostentarlos para no parecer privados de ellos”.

Ante este pecado el padre predicador nos recuerda la oración del Padre Nuestro como fórmula para reconducir nuestras intenciones. Cuando hagamos algo, que sea: Para santificar el nombre de Dios, para que venga su Reino a nosotros y para que se haga su voluntad y no la nuestra. Sencillo y aplastante. ¿Qué mejores intenciones que esas?

La hipocresía tiene mil disfraces en nuestro día a día. La mentira, la falsedad, las palabras que se quedan en eso, palabras, y no se ven respaldadas por hechos. El refugiarse en la vida de los demás para no mirar la de uno mismo. El afán por recaudar aplausos y alabanzas en público por las buenas acciones y la ausencia de ellas en la intimidad….

En este tiempo que invita a la Conversión, analicemos la pureza de nuestra vida y reconduzcamos nuestras intenciones hacia la única que merece la pena. ….” Nos has hecho Señor para Tí y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Tí.” Aceptar esto llevó a San Agustín a la verdad hace siglos y sin duda hoy nos llevará a nosotros también. Hágase tu voluntad.

Filed Under: Religión

113 Visitas



Dejar un comentario