Mi querida España

Verano de 1997. Agosto. Jóvenes españoles en la Jornada Mundial de la Juventud que se le celebraba en París. Allí estaba yo, alegre y contento por ver de cerca al bueno y carismático Papa Juan Pablo II.

Como muchos sabéis, en las famosas JMJs se concentran jóvenes de los cinco continentes con el precioso fin de, acudiendo a la llamada del Papa, tener un encuentro con el Señor. La ciudad es invadida por estos jóvenes entusiastas y, con una estética digna de admirar, es bañada y coloreada por miles y miles de banderas de más de cien países diferentes.

Pues allí estábamos nosotros, jóvenes españoles con nuestra bandera. El caso es que recuerdo con cierto malestar algo que era una realidad en mí por aquel entonces: me avergonzaba cuando me tocaba a mí ondear la bandera. Lo hacía, pero me escondía detrás de aquella armoniosa mezcla de colores rojo y amarillo.

Traigo a colación esta anécdota pues tiene mucho que ver con la situación actual en España. Afortunadamente, el amor a nuestra bandera, al himno nacional y, en definitiva, a nuestra patria, está dejando de ser algo políticamente incorrecto, para pasar a ser un sentimiento cada vez más generalizado y, sobre todo, más públicamente manifestado.

Y es que, efectivamente, siempre me gustó, y me sigue gustando el nombre de nuestra nación: España. Es que es bonito: Es-pa-ña. Tiene fuerza, arraigo, ímpetu. Y siempre me gustó el carácter español, alegre, abierto y entusiasmado. Y siempre me gustó nuestra Historia, nuestro Arte, nuestra lengua. Y es que España es preciosa, es espectacular. En sus playas y sus montañas, en sus ríos y en sus mares. En sus catedrales y sus iglesias, en sus plazas y sus callejuelas. En sus fiestas y en su clima. En sus tradiciones y su religión.

Sin embargo, sufrí cierto complejo, quizás por ser heredero del complejo post-franquista, en el que todo lo que sonase a nacional y español había que marginarlo, ocultarlo.

Ahora, en cambio, me siento liberado. Observo encantado el cambio que se está produciendo en la sociedad española. Me emociono cuando en plena Castellana cerrada al tráfico, escucho el himno nacional. Cuando alzo la mirada en esa misma calle y veo miles de banderas españolas vibrando con el viento y con la fuerza y la valentía de los allí presentes. Cuando tanto los políticos, algunos, como la gente de la calle habla de España, de Nación Española, de nuestra bandera sin ruborizarse.

Siendo así, intento explicarme el porqué de este emocionante cambio, y observo una realidad irrefutable: en estos tres últimos años, el Gobierno de España (de “este país”, como dirían ellos) ha atacado a la línea de flotación de nuestra querida España.

Por un lado, ha desvirtuado nuestra única realidad nacional, España, al permitir y fomentar la aprobación de unos Estatutos de Autonomía, sobre todo el catalán, de carácter “pseudoindependientes”. Ha continuado, entablando un proceso de negociación / rendición con la banda terrorista ETA con situaciones tan dolorosas y esperpénticas como la excarcelación del más sanguinario terrorista De Juana Chaos. Ha incidido en la desmembración de España, provocando sin solución de continuidad una intensa campaña de separación de las “dos Españas”, reabriendo heridas y tensiones del pasado. Por último, ha establecido una guerra abierta con la Iglesia Católica, religión absolutamente mayoritaria en España, intentando introducir un feroz laicismo ciertamente anticatólico.

Ante esta actitud anti-nacional: ¿cómo ha respondido nuestra sociedad? Como respuesta definidora de la actitud de los españoles, valga el mensaje patriótico lanzado por el Presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, en la espectacular manifestación del pasado 10 de marzo: “Les convoco a defender la nación española y a sumar esfuerzos para recuperar nuestra autoestima como un pueblo que ha sabido dar ejemplo al mundo con su entereza frente al terrorismo. Que os vean en pie, con la cabeza alta y fuertes como yunques. Orgullosos de ser españoles que no se resignan. ¡Viva la libertad! ¡Viva España!”

Que nada ni nadie pueda parar este resurgir patriótico que tanto bien hace a España y a los españoles.

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