A ver si te conviertes

Eso fue lo que me dijo un sacerdote recientemente al darme la Comunión. Creí no haberle entendido bien y al terminar la celebración de la Eucaristía me acerqué y le pregunté qué me había dicho. “A ver si te conviertes”, me contestó con una sonrisa en la cara. Pensaréis que es una tontería pero no me lo quité de la cabeza y todavía estoy dándole vueltas. De hecho he cambiado la columna que tenía escrita por ésta a ultimísima hora.

La palabra conversión suena dura, exigente, algo que necesitaría alguien que estuviera alejado de Cristo. Lo primero que pensé fue que yo no necesitaba de eso. Estoy bautizado, hice en su día la Comunión y más tarde la Confirmación, ¿No es eso suficiente para estar convertido? Mi siguiente paso fue acudir al catecismo y buscar lo referente a la conversión. Entonces fue cuando encontré lo que buscaba.

Es cierto, como yo pensaba que en el Bautismo se lleva a cabo el nuevo nacimiento a Cristo y con él la conversión. Es cierto también que a través del don del Espíritu Santo y el Cuerpo y la Sangre de Cristo recibidos como alimento nos convertimos en miembros de su Iglesia Santa e Inmaculada. Pero sin embargo, esta vida nueva no suprime nuestra debilidad y fragilidad, la concupiscencia o tendencia al pecado.

Estos aspectos permanecen en nosotros para llevar a cabo una lucha constante en nuestra vida cristiana, la conversión con miras a la santidad y a la vida eterna. Esta segunda conversión es una tarea ininterrumpida que pasa por la purificación constante, la penitencia y la renovación.

Esta semana es la Santa, en la que rememoramos la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor. En ella somos testigos de primera mano de todo lo que Cristo hizo por AMOR a nosotros, a cada uno de nosotros, con nombres y apellidos.

Después de todo ese sufrimiento por mi causa, el Señor sólo me dice “A ver si te conviertes” y acto seguido me entrega su vida, me da su gracia a través de los Sacramentos.

El catecismo dice: “El esfuerzo de la conversión ha de ser movimiento de un corazón contrito atraído y movido por la gracia a responder al amor misericordioso de Dios que nos ha amado primero”.

Es increíble que a veces me olvide de que estoy en continuo camino de conversión. Pero cuando me olvido ahí está Él en forma de detalle para tocar mi corazón con una frase a través de un siervo suyo. Para decirme que me espera para perdonarme y hacerme mejor. Que a cambio de su vida sólo quiere que yo no viva la mía de forma mediocre y la viva con plenitud y santidad.

He sentido unas ganas inmensas de compartir esta reflexión y lo hago con la seguridad de que a todos nos hace falta que nos recuerden que estamos llamados a lo más grande, a ser Santos e inmaculados con Cristo. Feliz Semana Santa.

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