Concilia

Vida personal y trabajo entran constantemente en conflicto. Se trata sobre todo de un problema de tiempo: el día tiene sólo veinticuatro horas, y las responsabilidades no tienen límite. Sin embargo, cada vez es más frecuente hablar de conciliación en las empresas. Se abre una vía de futuro hacia una manera de organizar la sociedad que permita a las personas poner sus energías en el trabajo, y también en otras facetas de su vida.

Conciliar es concertar, poner de acuerdo, resolver un conflicto, un choque entre dos personas o cosas que se hallaban enfrentadas. Y así es: la vida profesional, más exigente cada día, reclama para sí todo el tiempo y las fuerzas. Priorizar y decidir, es responsabilidad de cada uno.

Una jornada tiene veinticuatro horas: ocho para trabajar; otras ocho, para el descanso necesario; y las restantes ocho, para la familia y los amigos, necesidades y aficiones que no quedan cubiertas por el trabajo y el descanso. Frecuentemente se piensa que lograr el objetivo de conciliar la vida personal y profesional ha de ser cosa de mujeres. Y yo me pregunto: ¿acaso los varones carecen de vida personal y familiar? Conciliar, resolver el conflicto entre distintos aspectos de la vida, es una cuestión que afecta a todos. Negar el problema es una manera de darle respuesta sin enfrentarse a él.

Las empresas empiezan ahora a hablar de conciliación. Y es que, como dice Santiago Álvarez de Mon, profesor del IESE, “No se trata de trabajar menos horas, sino de optimizar la jornada laboral” (“Conciliación, mi responsabilidad”. Expansión y Empleo, 8 de enero de 2006). La jornada laboral en España es de las más largas de nuestro entorno, y también una de las menos productivas. Ocupamos el sexto lugar entre los países con mayor jornada laboral en Europa, detrás de los recién incorporados Letonia, República Checa y Estonia, y de Alemania y Austria. En cambio, somos líderes en Europa en bajo rendimiento.

El Gobierno y las Comunidades Autónomas han puesto en marcha numerosas medidas para fomentar la conciliación. La Comunidad de Madrid ha desarrollado, entre otros, el “Proyecto Implanta” y los “Premios Madrid, empresa flexible”.

Las iniciativas existentes son positivas. Aun así, la respuesta a todas estas cuestiones no debe darla exclusivamente el Estado, la empresa, las familias o los trabajadores. Más bien se trata de que el conjunto de la sociedad tome conciencia acerca de esta necesidad. La decisión y la responsabilidad últimas recaen en cada persona, pero una sociedad moderna debe procurar el equilibrio entre instituciones y bienes fundamentales como el trabajo y la familia; la persona y la empresa.

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¿Quién es Loreley? Loreley es el nombre de una peña situada a la orilla este del Rin, cerca de Sankt Goarshausen. Su nombre designa al tramo más estrecho y profundo del río legendario. Desde la Edad Media existen referencias a su utilización como marca en los caminos. Y también, historias y lamentos acerca del peligro que corrían quienes navegaban por el Rin y a ella se acercaban. Por aquellas tierras, ricas en mitos e historias, se propagó la noticia de que una sirena habitaba en la roca. Orientaba a los pescadores, que obtenían una pesca abundante. Pero muchos también naufragaban, cautivados por el embrujo de sus cantos. Los grandes autores del romanticismo alemán escribieron versos a la sirena Loreley, como Heinrich Heine en 1824. Yo, que de sirena tengo poco, en cambio sí quisiera interpretar mis cantos desde la roca en que me siento. Desearía que pudieran ayudar a quienes los escuchan a obtener una pesca abundante. Soy consciente de que si alguien tratara mis palabras como verdades absolutas, podría naufragar. A veces yo he sido la primera. Pero permanezco en mi puesto. Interpreto mis cantos de sirena. Y me esmero por llegar a quien los escucha. Mi formación es económica y jurídica, y ambos enfoques están siempre presentes en mis ideas. La cultura es una de mis pasiones. No como saber acumulado, sino como manera de mirar la vida. Disfruto con el arte, en todas sus formas. También con las humanidades. Soy conciliadora en el conflicto, y me gusta opinar. Lo social jamás me es indiferente. Y quisiera comportarme como cristiana cuando escribo. Este deseo exige mucho de mí. Me obliga a reconocer, con franqueza, mis fallos; a expresar mis anhelos; a no callar; a callar a veces; a denunciar; a alabar; a preguntarme; a leer; a disfrutar; y a permanecer en esta Roca, entonando mis cantos de sirena.



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