El aventurero de Dios
¿De qué estamos hablando? De un libro. En concreto, una novela histórica. Una creación literaria pero que no deja de estar apegada a la realidad. Esto es, “basada en hechos reales”. ¿Y sobre quién? Sobre el grandísimo santo español San Francisco de Javier.
Aprovechando el gran interés que desató en los lectores la columna sobre el santo navarro de hace unas semanas, contando además que muchos tenéis reciente la peregrinación al Castillo de Javier de principios de marzo, os propongo la lectura de este apasionante libro sobre la vida y el testimonio de Francisco Javier, un espectacular testigo de Cristo.
Esta preciosa novela, que ilumina mi fe y enciende mi fervor cada noche antes de dormirme, narra la vida de Francisco Javier desde dos prismas: el Javier apóstol, iniciando su andadura evangelizadora en Lisboa dirección a la India, y el Javier niño, adolescente y joven, contándonos la vida del santo desde su primera infancia en la verde Navarra. Y es así como va saltando por capítulos hablándonos desde el presente – el presente donde comienza el libro, Lisboa- y volviendo al pasado en boca de diferentes personajes que van narrando la vida de Francisco.
Del Javier apóstol impresiona su fuerza, su atractivo –allá donde iba provocaba admiración y simpatía-, su oración –todas las noches rezaba varias horas al Señor-, su entrega física –dormía tres o cuatro horas al día-, su valentía y coraje espiritual – bautizando en tierra de infieles, entrando en disputas teológicas con los hindúes y los budistas, enseñando el Credo, los Mandamientos y el Pater Noster a paganos y cristianos sin formación-, su generosidad y amabilidad –visitando enfermos, confesando durante horas, mendigando para él y para otros, hospedándose voluntariamente en los hospitales junto los enfermos más graves, rechazando el hacerlo en casas cómodas que le ofrecían-. En fin, un hombre que conmovía por su entrega “para mayor gloria de Dios”.
La vida del Javier niño y adolescente es interesante, pero dado el poco espacio que tenemos, me gustaría centrarme más en su marcha a París, su encuentro con el Señor y la fundación de la Compañía de Jesús.
Con dieciocho años marcha a caballo a la impresionante París. Joven, noble, alto, fuerte, educado y apuesto. Todo un perfil tentado al éxito, el poder y la honra. Y eso buscaba el imberbe Francisco en París: ser alguien exitoso en este mundo. Pero allí conoce a San Ignacio, quince años mayor que él. Éste, cuando con la edad de Javier, tenía las mismas aspiraciones y similar perfil: familia bien, caballero de armas, buena educación y ansias de honor y gloria terrenal. Pero una bala que le destrozó una pierna (luchando contra los franceses y los navarros, estando en el bando contrario los hermanos de Javier) y la posterior recuperación en su Loyola natal, le dieron la oportunidad de encontrase con el Señor a través de la lectura de libros sobre la vida de Cristo y de los santos, en concreto, la vida de San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán.
San Ignacio, con mucho esfuerzo y dedicación pues Javier estaba muy apegado a este mundo, poco a poco va calando en el corazón del joven navarro. En París, compartiendo habitación ellos dos y Pedro Fabro, futuro beato, Ignacio le va hablando del Señor, del amor de Cristo, de cómo ser grande siendo humilde, de cómo ser libre siendo pobre, de cómo hemos nacido para alabar, reverenciar y servir a Dios. Ignacio, tras numerosas evasivas de Francisco, consigue que éste haga los Ejercicios Espirituales, magnífica obra del de Loyola, y es entonces cuando Javier “cae a los pies de Cristo”.
Así va creciendo en el corazón de Javier el ansia de conocer y amar a Cristo, de seguirle, de ser testigo de su amor. Y contagiándole ese amor y esa fuerza a sus primeros compañeros Fabro, Bobadilla, Rodrigues y Laínez, salen de París rumbo a Venecia para, uniéndose a allí con Ignacio, peregrinar a Tierra Santa. El Señor les marcará otro ritmo, y éstos, que junto con Ignacio y Javier son los primeros jesuitas y fundadores de la espléndida orden religiosa la Compañía de Jesús, lo aceptarán con alegría.
Formación (todos eran doctores por la Universidad de París), pobreza, confianza en la Providencia y servicio al Papa son las grandes notas de estos hombres entregados a la causa de Cristo.
Impresiona ver cómo el Señor toca el corazón de estos jóvenes y les da la fuerza y la fe para despojarse de todo lo material – venden y reparten sus bienes, se hospedan en hospitales, mendigaban cada día su comida -, amar la Eucaristía – se cuenta como muchos de ellos, en especial Ignacio y Javier, lloraban cada vez que consagran el pan y el vino en cuerpo y sangre de Cristo-, y evangelizar sin miedo allí donde el Señor los llamó, ya fuese India, Portugal o Italia.
En definitiva, un libro para disfrutar y, sobre todo, para que crezca en el lector el amor al Señor, las ganas de rezar, el ansia de entregarse y la firme convicción de vivir por Cristo, con Cristo y en Cristo.
“El aventurero de Dios”. Pedro Miguel Lamet (La Esfera de los Libros).
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