Después del 27M

Después de las pasadas elecciones y tras haber regado el estómago y la mente con líquidos y sólidos parece que digerir se hace cada minuto más sencillo. Tras el aturullo dominical de alegrías y tristezas uno se encuentra en la obligación de parar, sentarse y con la prensa en mano y la cabeza al loro, analizar.

Y es que en un inicio entré en la batalla dialéctica sostenida por los dos grandes partidos sobre si el PP había obtenido más votos, o si el PSOE había conseguido más concejales, o el debate de las grandes capitales de provincia y sus gobiernos…y en tan interesantes disquisiciones me hallaba que se me congeló el ánimo y las ganas de discutir al comprobar,entre el estupor y el asombro, que el no del todo impugnado ANV, pseudónimo moderno de Batasuna-ETA, alcanzaba la mayoría absoluta en 17 ayuntamientos y la relativa en otros 14.

En ese momento lo demás pasó a ser intrascendente o anecdótico, y sin pretender ser alarmista ese resultado me pareció una catástrofe.
No sé, detrás de tantos gritos a favor de la libertad y tantas evidencias de que con ETA no se negocia sino que se le aplasta, uno llega a creerse en su ingenuidad que su pensamiento se extiende allende los mares y que se convierte en un grito unánime.

Pero no, claro está. El despertar del sueño es aterrador, y sobre todo cuando dentro del desánimo escucho entre sueños a Pepe Blanco coquetear con la idea de que el PSOE en Navarra no tiene en principio intención de pactar con UPN por sus diferencias antagónicas. Evidentemente, con Nafarroa-Bai es mucho más sencillo encontrar conexiones, pues de todos es sabido que el partido del Gobierno pacta con quien haga falta con tal de no encontrarse con el Partido Popular.

Y oiga, yo entiendo que esa amistad no es posible, pero claro, cuando uno ve las orejas al lobo (el lobo es ETA, asomándose desde el Pais Vasco a la bella Navarra), pues es de lógica humana pensar que cualquier alianza es posible con tal de acabar con el lobo. Porque hasta los niños saben que los lobos te quitan la comida y si te resistes, pues pueden acabar comiéndote. Pero este lobo no asusta a Zapatero ni a sus secuaces, que alternan y deliberan con los nacionalistas en la oscuridad propia de su jerga. Y nosotros como pasmarotes las vemos venir, alucinados claro de que Navarra y su identidad peligren.

Pero bueno, quizá lo más cómodo sea mirar para otro lado, minimizar los problemas, restarles relevancia y pensar que los malos no lo son tanto. Pero es que con esa benevolencia falsa y peligrosa un día viviremos en una España que ya no se llama España, o quizá lo que quede de ella sean Madrid, Valencia y otras cuantas provincias. No muchas claro, pero algunas, donde los que las habitemos sepamos qué es España y qué queremos que siga siendo. Y donde los que se salten a la torera las reglas básicas de la convivencia o la democracia no paseen libremente por los jardines de ningún hospital.

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