El Arte está de Viaje a Simorgh

“En el tránsito de lo ortodoxo a la heterodoxia, el arte parece haber abandonado a la belleza. Se ha perdido por el camino. Y si el arte abandona a la belleza, ¿quién la atenderá?”

El Teatro Real estrena ahora “El Viaje a Simorgh”, de José María Sánchez-Verdú (1968). Se trata de una ópera en dos actos, cuyo libreto es una adaptación libre del compositor de la novela “Las virtudes del pájaro solitario”, de Juan Goytisolo. La representación no dejará indiferentes a los espectadores: la actualidad de las cuestiones que plantea y su estética provocadora interpelan con energía. El relato es un canto a la heterodoxia y la libertad de pensamiento, frente al totalitarismo y la intolerancia. Está salpicado por el miedo postmoderno a amenazas difusas como desastres naturales y pandemias, y por una severa ridiculización de posturas ideológicas tradicionales. La alternativa ofrecida por el autor es la búsqueda espiritual y la libertad de pensamiento, encarnadas en el personaje del Amado, que se inspira en la figura de San Juan de la Cruz.

El hilo conductor de las ideas que se presentan es un relato poético del antiguo autor suní Al Attar (siglo XII), que narra el viaje de los pájaros hacia el Simorgh, su rey. Se trata de una analogía de la divinidad, del origen y el destino del hombre que busca la trascendencia. La estética es tenebrosa. El vestuario ridiculiza figuras grotescas que encarnan ideas que el autor desaprueba. El sentimiento es de pavor, náusea y cierto desprecio por el hombre. Y la belleza, una vez más, se encuentra ausente.

Las vanguardias del siglo XIX abandonaron la rigidez de los cánones de belleza impuestos, proclamando la libertad creadora del artista. Así comenzó la búsqueda del arte. A lo largo de sus pasos, se ha desvinculado progresivamente al arte de la belleza, para aproximarlo cada vez más a la novedad y la creatividad. En el tránsito de lo ortodoxo a la heterodoxia, el arte parece haber abandonado a la belleza. Se ha perdido por el camino. Y si el arte abandona a la belleza, ¿quién la atenderá? Ninguna otra actividad social podrá reemplazar a la de los artistas, nadie más podrá ocuparse de la belleza. Y esto no significa limitar el arte a la sublimación y la evasión de la realidad. Al contrario, se trata de encontrar la belleza en el mundo y atraparla, retratarla, reflejarla. Siempre admiré esta capacidad para mirar el mundo, que descubre incluso lo desconocido, lo olvidado, y lo mal considerado; que denuncia lo injusto e interpela; que revela y comparte los secretos del hombre.

Parece como si el arte y el hombre se hubieran pulverizado. El arte está de viaje a Simorgh: está llamado a transcenderse, o morir. El hombre de hoy está de viaje a Simorgh: está llamado a transcenderse, o morir.

Filed Under: Cultura

94 Visitas

¿Quién es Loreley? Loreley es el nombre de una peña situada a la orilla este del Rin, cerca de Sankt Goarshausen. Su nombre designa al tramo más estrecho y profundo del río legendario. Desde la Edad Media existen referencias a su utilización como marca en los caminos. Y también, historias y lamentos acerca del peligro que corrían quienes navegaban por el Rin y a ella se acercaban. Por aquellas tierras, ricas en mitos e historias, se propagó la noticia de que una sirena habitaba en la roca. Orientaba a los pescadores, que obtenían una pesca abundante. Pero muchos también naufragaban, cautivados por el embrujo de sus cantos. Los grandes autores del romanticismo alemán escribieron versos a la sirena Loreley, como Heinrich Heine en 1824. Yo, que de sirena tengo poco, en cambio sí quisiera interpretar mis cantos desde la roca en que me siento. Desearía que pudieran ayudar a quienes los escuchan a obtener una pesca abundante. Soy consciente de que si alguien tratara mis palabras como verdades absolutas, podría naufragar. A veces yo he sido la primera. Pero permanezco en mi puesto. Interpreto mis cantos de sirena. Y me esmero por llegar a quien los escucha. Mi formación es económica y jurídica, y ambos enfoques están siempre presentes en mis ideas. La cultura es una de mis pasiones. No como saber acumulado, sino como manera de mirar la vida. Disfruto con el arte, en todas sus formas. También con las humanidades. Soy conciliadora en el conflicto, y me gusta opinar. Lo social jamás me es indiferente. Y quisiera comportarme como cristiana cuando escribo. Este deseo exige mucho de mí. Me obliga a reconocer, con franqueza, mis fallos; a expresar mis anhelos; a no callar; a callar a veces; a denunciar; a alabar; a preguntarme; a leer; a disfrutar; y a permanecer en esta Roca, entonando mis cantos de sirena.



Dejar un comentario