Cristianos y Economía ¿compatibles?

Recientemente tuve una charla-debate con un compañero de la universidad. Todo surgió de un comentario en una clase en la que tratábamos el problema del subdesarrollo. Mi compañero por lo bajo me dijo: “Si lo que se habla se transformará en acción, todo iría mucho mejor. Empezando por la Iglesia que es la cabeza de esta serpiente”. Como veis el lance se las trae y por supuesto, conociéndole, recogí el guante. A veces tengo la sensación de que “necesito” que alguien me ataque para plantear ciertos interrogantes y encontrar respuestas.

Al terminar la clase, mi compañero, que se esperaba una defensa, pensó que era mejor atacarme otra vez. Esta vez recurrió al Evangelio para el ataque aludiendo a lo que sucede entre Jesús y el joven rico, sus palabras fueron: “Es incompatible estudiar empresas con tu fe, deberías dejarlo todo e irte de misiones para ser coherente, como lo que sucede con el joven rico, todos vais de cristianos y luego agacháis la cabeza.”Yo por mi parte le expliqué lo mejor que pude que el joven rico no se equivoca por el hecho de ser rico, sino por no tener a Dios por encima de sus riquezas, por ser esclavo del dinero. Ante la opción Cristo o sus posesiones, escogió éstas últimas. Las posesiones están para servirnos a nosotros y no al contrario. “No se puede servir a Dios y al dinero”, le dije. La palabra servir es la clave. El orden en nuestra escala de valores es lo que tenemos que tener claro.

Bien, esta es la teoría, puedo tener dinero y no por ello fallar a Dios. Pero, ¿realmente pongo a Dios por encima de todo? Es una pregunta que conviene hacerse habitualmente para no dejarse llevar por la corriente, sobretodo en el ambiente de mi carrera (empresas) donde parece que lo más importante es la eficiencia económica por encima de todo.

Como otras veces cuando quiero consejos acerca de cómo vivir mi fe en el mundo profesional, acudo a la Iglesia. Encuentro un comunicado de Su Santidad Benedicto XVI a los empresarios y economistas, que por su interés transcribo en parte.

«La vida humana y sus valores tienen que ser siempre el principio y el fin de la economía». « Los trabajadores son el patrimonio más valioso de la empresa». «Toda empresa tiene que considerase en primer lugar como un conjunto de personas, a las que hay que respetar en sus derechos y en su dignidad». « En las grandes decisiones estratégicas y financieras, de adquisición o de venta, de reajuste o cierre de instalaciones, en la política de fusiones, los criterios no pueden ser exclusivamente de naturaleza financiera o comercial. Es indispensable que la referencia última de toda acción económica sea el bien común y las legítimas expectativas del ser humano».

El reto para mí consiste en que las empresas sean el ámbito laboral en el que las personas puedan realizar sus propias facultades, su capacidad e ingenio personales para poder construir el propio futuro con confianza. Esta confianza ha de estar respaldada por una fuente de ingresos segura. Me gusta pensar en el empresario como en la persona que puede hacer que estas cosas se den. Al igual que los empresarios y economistas, todos los profesionales. Todos debemos servir a Dios y al prójimo en los lugares donde Él nos ponga. No es imposible. Conozco gente que me lo ha demostrado. A Dios y a ellos gracias.

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