Dándolo todo… por Cristo

Sólo hay dos formas de salir de un campamento con Corona en Picos de Europa. Una es no volver, y la otra, la más habitual, querer volver siempre. No suele haber medias tintas. Esta radicalidad de opciones se deba quizá a que en Picos es muy difícil no encontrarse con Cristo. No hay medias tintas porque tampoco hay nada que pueda distraer al que acude allí. Entre Dios y nosotros desaparecen la mayoría de los velos que nos impiden vislumbrar la mirada clara de Jesucristo.

Yo llevo yendo a Picos desde el año 97, que fui de acampado. Como monitor he estado yendo seis años, y no lo cambio por nada. Tres sencillas pero contundentes razones:

- Roma es preciosa, Tierra Santa apasionante, la catedral de Colonia bellísima,… Pero la “catedral” de Picos de Europa es incomparable; celebrar misa desde cualquiera de sus capillas, en la “capilla” de los Lirios, con el retablo del Macizo Central al fondo, en la “capilla” de Collado Jermoso, con el retablo de Peña Santa que deja traslucir los rayos del sol del atardecer,… es una experiencia inolvidable.

- Sin duda una de las más grandes experiencias de Iglesia. Dejas de ser de tu parroquia para formar parte de una comunidad viva que vive a golpe de soplo del Espíritu Santo. Conoces a gente que te hace ver a Cristo, y entablas con ellos amistades eternas, tanto que se exalta el corazón gozoso cuando te los encuentras al cabo de tiempo. Aprendes la vida en comunidad, a servir a los demás, a tenerlo absolutamente todo en común.

- Y la tercera, el encuentro con Cristo de la mano de María, pues la culminación en Covadonga, peregrinando tres días entre las montañas sólo te lleva a vivir ese encuentro con auténtica profundidad y a dejar en ese altar, bajo los pies de la Santina, tu vida para que el Señor la tome y haga con ella lo que quiera.

Así pues, son tres razones que no dejan indiferente a nadie. Cuando uno se encuentra con Cristo en estas condiciones sólo quedan dos opciones, echarse atrás como los discípulos que se marcharon tras escuchar la predicación de Jesús porque pensaban que lo que oían era duro, o exclamar como Pedro: Señor, ¿a quién vamos a acudir? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6,60-69).

Y este verano puede ser el momento de que tú vayas a Picos. ¿Cuándo? Del 1 al 16 de julio. No importa que tengas treinta años, sólo que quieras ser como un “niño” pues esa es la forma de entrar en el Reino de Dios. Si tienes quince o más años no lo dudes. Para mí, los campamentos a los que he ido han sido los quince mejores días de mi vida (uno tras otro). Quizá también puedan ser los tuyos… Pero ya sabes, que el que no arriesga, no gana., por eso vente a darlo todo…, a darlo todo por Cristo.

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