Escudriñando a San Antonio

Hoy entrevistamos a ese Santo, de todos conocido, que siempre aparece en las imágenes con un niño en brazos: San Antonio.

¿Es cierto que el Papa León XIII le llamó el Santo del Mundo?

Sí, dicen de mí que soy el Santo más popular de la Iglesia, venerado sobre todo por la gente más humilde.

Otro Papa, Pío XII, declaró que su fama le viene “por la santidad de su vida, por la insigne fama de sus milagros y por el esplendor de su doctrina” y que por todo ello ilumina y sigue iluminando a todo el universo. ¿Dónde realizó todos esos prodigios de que se habla?

Nací en Portugal, pero viví y morí en Padua (Italia), tierra donde realicé la mayor parte de mis milagros. De hecho el mismo Papa Pío XII me declaró Doctor de la Iglesia.

¿Puede resaltar alguno de estos milagros?

Sí, aunque no presumo de ello, pero una de mis mulas se arrodilló una vez ante el cuerpo de Cristo consagrado.

Está claro que usted recibió una educación católica.

Sí, por supuesto. Mis padres, Martín y Teresa, me dieron una educación sencilla y cristiana.

¿Cuándo decidió entregarse a la vida religiosa?

A los 15 años. Los canónigos regulares de San Agustín forjaron mi pensamiento, modelaron mi corazón y me inculcaron el amor a Dios y a las criaturas, cosa que les agradezco enormemente. A los 28 años ingresé en la orden franciscana donde cambié mi antiguo nombre por el de Antonio, porque, aunque no lo creas, mis padres me bautizaron con el nombre de Fernando!!

Un hecho que marcara su vida, San Antonio.

Estudiando en la ciudad de Coímbra, recibí un aldabonazo muy fuerte cuando presencié la llegada de los cuerpos de los cinco primeros mártires franciscanos muertos en Marruecos por su fe en Jesucristo.

¿Sintió entonces la llamada al martirio como aquellos cinco religiosos?

Sí. De hecho, ni corto ni perezoso corrí a la portería de los Frailes Menores, al convento de San Antonio de los Olivares, y le dije al P. Guardián a quemarropa: -”Padre, si me prometéis enviarme a tierra de moros, os ruego que me deis vuestro hábito”.

¿Y llegó usted a ir a Marruecos?

Sí, sí. Me embarqué hacia Marruecos en la primavera de 1221, pero debido a una grave enfermedad tuve que volver a España. Al volver, una tormenta hizo que tuviéramos que parar en Sicilia, donde me encontré con San Francisco de Asís.

¿Por qué sitios predicó usted?

Por Italia, Francia y durante diez años llevé el mensaje del evangelio por todas partes y lo confirmé con muchos milagros.

¿En el caso particular de nuestro país, se ha reflejado su vida con alguna tradición en España?

Sí, creo que en vuestro país, concretamente en Madrid en la Iglesia de San Antonio de la Florida las jóvenes solteras acuden cada año con la esperanza de encontrar novio. Las jóvenes introducen sus manos en la pila bautismal, que alberga gran cantidad de alfileres sumergidos en el agua. El objetivo es que quede clavado alguno en las palmas de sus manos como mensaje claro de la llegada de un amor. Se supone que por cada alfiler clavado es un novio que vas a tener ese año.

Una tradición muy bonita.

Muchas gracias por esta entrevista San Antonio, un placer.

Un abrazo a todos los miembros de vuestra parroquia.

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