Mala-Educación para la Ciudadanía
Ahora que parece que el Gobierno y el principal partido de la Oposición se han dado una tregua para fomentar, al menos por una semana, la unidad de los dos grandes partidos en la lucha antiterrorista, haré yo también una “tregua digital” y dejaré aparcado el siempre actual tema de la política antiterrorista, para comentar algo acerca de otro de los grandes desastres de la política zapateril: la Ley de Educación y, en concreto, la infame asignatura de Educación para la Ciudadanía. Para empezar, resulta sorprendente que, conforme a la nueva legislación sobre educación, la asignatura de Religión sea optativa (y como alternativa se proponga el descanso o el estudio, a elección del centro docente) y sin embargo Educación para la Ciudadanía sea obligatoria. Para continuar, la primera -la que te hace conocer y profundizar en el Misterio de la Fe y en la cultura y tradición católica de nuestra nación, de toda Europa y parte del Mundo- tiene carácter no computable. La segunda –la que quiere imponer un adoctrinamiento estatal basado en el relativismo moral, al margen de los principios y valores de los padres- sí que computa de cara al expediente académico. Dicho esto, cabría preguntarse: ¿pero qué es lo que enseña esta asignatura tan duramente criticada, sobre todo desde la Iglesia Católica y un gran número de asociaciones de padres de alumnos? Básicamente, se trata de dar valor absoluto a lo relativo (no hay nada más categórico que la afirmación “todo es relativo”), es decir, lo que se pretende es conciliar todos los valores en un modelo de convivencia que no resulte incómodo a nadie, que guste a todos, donde es el Estado el que marca previamente el guión de lo que deber ser, de lo políticamente correcto. Sirvan como ejemplos las siguientes “joyas ético-ciudadanas” en la formación moral de los niños: existencia de una variedad de formas de familia, conveniencia de dialogar con terroristas, España es una nación de naciones, todos los Gobiernos de la Democracia hasta Aznar han practicado la tortura contra miembros del “grupo armado vasco ETA”. Además, se ha de reflexionar sobre las consecuencias negativas de la actuación de la Iglesia Católica en materia de salud sexual y reproductiva, hay que hablar de orientaciones sexuales y no de sexo (hombre-mujer), de “lo normal” de la homosexualidad, de que no existe “la verdad” sino que ésta se alcanza mediante el consenso…y un sin fin de despropósitos morales relativistas. Hemos de tener en cuenta que la cuestión que subyace es que existe un protagonista, el Estado, que establece las reglas del juego, fijando la agenda ética y usando su poder para imponerla. Y hay otros, los actores secundarios, las familias, que no les queda más remedio que obedecer y aceptar un papel menor en la formación moral de sus hijos. Ante esto, la reacción de los padres, apoyados e incentivados por la Iglesia Católica, no se ha hecho esperar: en tan sólo dos semanas de junio, se han presentado más de seis mil solicitudes de objeción de conciencia a esta asignatura. El Gobierno, nervioso y torpe, ha amenazado a todo alumno que se atreva a presentar dicha solicitud con la imposibilidad de pasar de curso académico. Los padres han respondido con la primera objeción de conciencia masiva –300 en un solo día en un mismo municipio, Lucena (Córdoba)-, y plataformas cívicas como Hazteoír.org presentaron la semana pasada una querella criminal por un presunto delito de amenazas y coacciones en el ejercicio de derechos fundamentales. “Cada uno en su casa, y el Estado en la de todos” quisiera el Gobierno con este nuevo insulto a las familias llamado “mala-Educación para la Ciudadanía”.
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