Jaime, el talibán más cumbayá

Como cada miércoles le veo aparecer. Llega dentro de un “pollito” amarillo, frena con brusquedad y se acerca moviendo rítmicamente las piernas mientras saluda con su imperturbable sonrisa. Siempre la lleva puesta, y aunque veo mal, reconozco esa figura desde lejos.

A veces aparece con una guitarra, la lleva al hombro y cuando la desenfunda se convierte en el más Cumbayá de nuestros amigos.
Hablar de Jaime es hablar de la espontaneidad. Creo que pocas veces piensa lo que va a decir y eso otorga una buena dosis de franqueza a la realidad. Mira con frescura, anda despistado y a veces hace esfuerzos por concentrarse en las conversaciones. Quizá ande perdido en pensamientos propios. En burros, vacas, jabalíes o en nuevos trucos de jardinería.

Es polifacético y emprendedor. Combina a la perfección el saber científico con el jurídico, y planta flores mientras comenta lo más destacado de la política. Siempre fiel a sus ideales, a la verdad y a la fe.

Resulta curioso de observar, pues parece capacitado para estar en todos lados. Organizador nato y efectivo, lo mismo te monta una peregrinación que te prepara unas convivencias. Es por eso que acompañarle en la vida resulta grato e interesante. Con él se puede conversar, bailar, reír y profundizar.

Jaime es un buscador libre, libérrimo y con franca autonomía. Admiro su estilo, impecable y educado, del mismo modo que su mente, siempre puesta en lo importante. Separar la paja del heno, siempre ha sido un arte.

En San Jorge, nuestra casa, su presencia es en todo momento garantía de éxito. En lo práctico, en lo personal, en lo espiritual, contar con Jaime, con sus virtudes y con sus carencias, es sumar. Es añadir, es aliñar. Me atrevo a asegurar que lleva en el cinto la espada para blandirla cuando ha de batallar. Pacíficamente pero con firmeza, pues es un hombre de principios elevados y vigor asombroso. Un luchador, claro que sí.

Como buen caballero, va a menudo acompañado de su dama. Silenciosa, y con la misma sonrisa que él, observa el mundo fascinada desde su sensibilidad y dulzura. Ambos forman un tandem peculiar y único. Especial para ser seguido y grande para ser acompañado.

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