“Una crisis en el arte”

La libertad de expresión en el ámbito artístico da cobijo en la actualidad a algunas de las manifestaciones más aberrantes del espíritu humano; es más, las fomenta, puesto que, tal y como se la entiende y aplica, eleva a categoría suprema e intangible la autonomía creativa del artista, por encima del nombre de Dios y de los límites que preservan la dignidad humana. ¿Justificación? El ritornello de la persecución que los nazis llevaron a cabo de obras catalogadas de decadentes y, en el fondo, la aseveración nietzscheana sobre la liberación del hombre frente al orden moral querido por Dios. Se ha generado todo un sistema de acatamiento formal y protección sin fisuras a la autonomía moral de los artistas, que se despliega con eficacia contundente a todos los niveles. Un ejemplo de ello con motivo de la exposición del “artista” Ivo Hendriks en una Iglesia desamortizada de Ibiza, que incluye motivos tan sublimes como la imagen de Juan Pablo II en trance de ser sodomizado y de Nuestro Señor sometido a la exhibición de un pene enorme por un/a hermafrodita: inquirida sobre el carácter de la muestra, la concejala de cultura, responsable de la misma, se limitó a señalar que “los políticos no entran a hacer crítica de arte”, y que resultaría de “mala educación” ofrecer una valoración personal al respecto. La noticia, en El Mundo de 19.9.2007: el periodista refiere los hechos en términos asépticos, sin sombra de pronunciamiento adverso. Ese mismo día, en ese mismo periódico, se expone el caso del arzobispo de Colonia, cardenal Meisner, que ha osado hablar, también recientemente, de “degeneración del arte”, en unas declaraciones que incluían esta sensata aseveración, clave para entender el horizonte del sector más comprometido del arte actual: “cuando la cultura se separa de la adoración de Dios, el culto deviene en ritual y la cultura degenera”. El tono del corresponsal cambia y se hace agrio, militante contra el atrevimiento del purpurado, de cuyas palabras afirma que han sido objeto de reiteradas y merecidas desautorizaciones (“inoportunas e incomprensibles”, “indignas de un hombre de iglesia”, etc.) por parte de significativos políticos alemanes. Al final de la crónica se señala, sí, que Die Welt recuerda que Benedicto XVI ha invitado a combatir “el culto de lo feo”, asegurando que hay “una crisis en el arte”. Conviene recordar que Meisner es un eclesiástico bien dotado, que fue criticado en 1999 por comparar la píldora abortiva con el gas Zyklon-B usado por los nazis en los campos de exterminio, y en 2005 por equiparar el aborto y la eutanasia con los crímenes cometidos por Hitler y por Stalin. Así están las cosas. No sé lo que quiso decir el cardenal Meisner exactamente, pues, como no podía ser de otra manera, se vio luego obligado a matizar sus palabras. Tal vez expresaban el hecho de que el arte puede ser un síntoma del estado en que se halla una sociedad determinada, un indicador de su rumbo espiritual. Sí precisó que el concepto de degeneración se dirige “contra todas las formas de totalitarismo”. Es probable, en esa dirección, que el fomento público, en pleno auge, de exposiciones sacrílegas como la de Ibiza sea un indicador del grado de descomposición –o degeneración, si se prefiere- de nuestra comunidad. A fin de cuentas, no es extraño que coincidan en el tiempo muestras tan aberrantes como esa y los actos que se multiplican en España de ofensa a la bandera, a la patria y a su unidad; ni lo es tampoco que el actual gobierno, a la vez que tolera o propicia la fractura nacional, se embarque en una empresa de signo inequívocamente totalitario como es la imposición de la Educación para la Ciudadanía. Es un dato histórico constatable que los procesos críticos o degenerativos de una sociedad son poliédricos, complejos en su desarrollo y manifestaciones. Ya dijo Menéndez y Pelayo hace más de un siglo que si España dejara de ser católica “volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectones o de los reyes de taifas”.

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Comentarios (1)

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  1. Gambón dice:

    Andrés Gambra de nuevo suelta otra de sus diarreas mentales que no las entiende ni Pedro Jeta. Ja ja ja,

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