Dios y las obras de Dios
El pasado 18 del mes de septiembre se celebró en Roma una misa en memoria del Cardenal Francois Xavier Van Thuân. Cuando se cumplen cinco años de su muerte, el Cardenal Martino anunciaba el inicio de su proceso de beatificación. Muchos sabréis quién es pero para los que lo desconozcan intentaré presentároslo lo mejor posible.
François-Xavier Nguyen Van Thuan (1928-2002) provenía de una familia de mártires que desde la llegada de los jesuitas a Vietnam en 1615 han dado testimonio de su fe con su vida ante todo tipo de persecuciones. Primero por parte de los reyes y emperadores vietnamitas (1644-1888) que arremetían contra las minorías católicas y posteriormente por el régimen comunista que ejercía el poder en el norte de Vietnam. Van Thuan recibió desde muy pequeño una profunda educación y ejemplo en la fe cristiana, lo que forjaría su vida de adulto.
François tuvo que soportar la pérdida de familiares, muy importantes en su formación y vida espiritual, pero más que su muerte superó la ira que se apoderaba de su corazón y le impedía abandonarse en plenitud a la voluntad de Dios. Ayudado del poder de la oración consiguió perseverar en la fe, se ordenó sacerdote. Posteriormente pasó un tiempo de estudios en Roma y tuvo la oportunidad de peregrinar al Santuario de la Virgen de Lourdes entre otros lugares. Allí, en un momento de meditación en las palabras que la Virgen le dirigió anteriormente a Bernardette, ““No te prometo alegría y consuelo en la tierra, sino más bien adversidades y sufrimiento”, comprendió que esa sería su vida.
De regreso a Vietnam en 1967 su papel de líder en la iglesia es cada vez mayor y es consagrado Obispo. Ejerciendo a partir de entonces una intensa labor de desarrollo y fortalecimiento de su diócesis, tomando como lema episcopal Gaudium et spes, (Gozo y esperanza). En 1975 Juan Pablo II lo nombra Arzobispo coadjutor de Shaigón, pero el gobierno comunista no lo tolera y es detenido mediante engaño. Sometido a régimen de vigilancia oculta en su residencia, escribió en el cobijo de la noche varios libros emulando a San Pablo con sus cartas desde la prisión. Estuvo 13 años en cárceles comunistas, 9 de ellos en aislamiento vigilado por 2 guardias. En estos años sus continuas muestras de amor hacia sus carceleros le llevaron a ganarse su confianza y gracias a ellos (se jugaban su puesto) pudo celebrar eucaristía diaria y fabricarse una cruz de madera atada a un cordón de cable eléctrico. Les enseñó idiomas y muchas otras cosas pero sobretodo les dio su amor.
«¿Por qué te atormentas así? Debes distinguir entre Dios y las obras de Dios»; todas las obras de caridad son excelentes «pero ¡no son Dios!». Aceptar este clamor de su corazón fue la clave para soportar el cautiverio que le alejaba de sus ovejas.
«Si Dios quiere que abandones estas obras –narraba Van Thuân– poniéndolas en sus manos, hazlo enseguida y ten confianza en Él. Dios lo hará infinitamente mejor que tú; confiará sus obras a otros, mucho más capaces que tú. Tú has elegido sólo a Dios, ¡no a sus obras! ¡Un gran ejemplo de fe, esperanza, caridad y abandono en Dios para todos nosotros!
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