PATINIR Y EL PAISAJE

El Museo del Prado dedica ahora una exposición a Joachim Patinir, hasta el 7 de octubre. “¿Cómo apareció el paisaje en la pintura? ¿Cuándo irrumpió la naturaleza, invadiéndolo todo, capturando por completo la fascinación del artista?” Una visita a cualquier colección de pintura medieval hace caer en la cuenta de que las primeras obras de la pintura europea solían representar casi siempre escenas religiosas: Cristo a modo de pantocrátor, o vírgenes en majestad eran algunos de los temas más frecuentes. El paisaje como tema principal no estuvo presente desde siempre en la pintura. Entre esas tablas que lucen casi exclusivamente figuras humanas, y la obra de los paisajistas holandeses y de los paisajes atormentados del Romanticismo, transcurre una compleja y emocionante evolución de la Historia del Arte. ¿Cómo apareció el paisaje en la pintura? ¿Cuándo irrumpió la naturaleza, invadiéndolo todo, capturando por completo la fascinación del artista? El análisis histórico no consiste tanto en establecer hitos cerrados que sentaron un antes y un después, como en reconocer el cambio en el orden de las cosas, un cambio a menudo sigiloso y que no se puede aislar en un momento único ni entre una serie de protagonistas concretos. Pues bien, Patinir es uno de esos hombres que representan el cambio en la Historia del Arte. Y lo es porque recoge la herencia anterior a él y, arropado por sus contemporáneos y por las circunstancias del momento, emprende un camino nuevo. La obra del artista se inserta en el Renacimiento, y se dirige a sus compradores: la burguesía pujante de Flandes y, en especial, de la ciudad de Amberes. Patinir tuvo un taller muy prolífico, otros pintores trabajaron para él, ayudándole a terminar cuadros en ocasiones muy semejantes entre sí, para cumplir con los encargos de sus clientes. Quien visita la exposición que el Museo del Prado dedica a Patinir estos días, observa cómo el paisaje se va abriendo camino. Lo que al principio no era sino el fondo o el entorno en el que se desenvolvía una escena, ahora toma el protagonismo. Las escenas religiosas que representa se funden con el paisaje. Sobre todo, llama la atención la luminosidad de los blancos, y la pureza y profundidad de los verdes y azules. ¿Cómo irrumpió el paisaje como tema fundamental en la pintura? No negaremos su parte a otras causas. Pero entre ellas, sin duda tuvo mucho que ver la obra de Patinir, que inspiró a sus contemporáneos, y a otros autores que admiraron y emularon su obra, como Velázquez. La exposición de Patinir en el Museo del Prado continúa hasta el 7 de octubre. El horario, es de 9 de la mañana a 8 de la tarde. Cierra los lunes. La entrada incluye la visita de la colección permanente del museo, y es gratuita para los estudiantes menores de 25 años.

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¿Quién es Loreley? Loreley es el nombre de una peña situada a la orilla este del Rin, cerca de Sankt Goarshausen. Su nombre designa al tramo más estrecho y profundo del río legendario. Desde la Edad Media existen referencias a su utilización como marca en los caminos. Y también, historias y lamentos acerca del peligro que corrían quienes navegaban por el Rin y a ella se acercaban. Por aquellas tierras, ricas en mitos e historias, se propagó la noticia de que una sirena habitaba en la roca. Orientaba a los pescadores, que obtenían una pesca abundante. Pero muchos también naufragaban, cautivados por el embrujo de sus cantos. Los grandes autores del romanticismo alemán escribieron versos a la sirena Loreley, como Heinrich Heine en 1824. Yo, que de sirena tengo poco, en cambio sí quisiera interpretar mis cantos desde la roca en que me siento. Desearía que pudieran ayudar a quienes los escuchan a obtener una pesca abundante. Soy consciente de que si alguien tratara mis palabras como verdades absolutas, podría naufragar. A veces yo he sido la primera. Pero permanezco en mi puesto. Interpreto mis cantos de sirena. Y me esmero por llegar a quien los escucha. Mi formación es económica y jurídica, y ambos enfoques están siempre presentes en mis ideas. La cultura es una de mis pasiones. No como saber acumulado, sino como manera de mirar la vida. Disfruto con el arte, en todas sus formas. También con las humanidades. Soy conciliadora en el conflicto, y me gusta opinar. Lo social jamás me es indiferente. Y quisiera comportarme como cristiana cuando escribo. Este deseo exige mucho de mí. Me obliga a reconocer, con franqueza, mis fallos; a expresar mis anhelos; a no callar; a callar a veces; a denunciar; a alabar; a preguntarme; a leer; a disfrutar; y a permanecer en esta Roca, entonando mis cantos de sirena.



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