¿QUÉ HAY EN ESE CUADRO?
“¿Por qué nos cuesta a veces tanto la pintura abstracta?” En el salón de casa cuelga un óleo de Silvia Anel, de 1995. ¿Qué representa? El lienzo está pintado de colores ocres y dorados que tiran a verdes, azules y grises, y en algunas zonas a violetas. Abajo del todo, una franja negra cruza el cuadro de lado a lado. Las visitas generalmente se sientan frente a él, y no es raro que, cuando avanza la velada y nos vamos reclinando con postura relajada y hogareña en el sofá, alguien haga algún comentario. Sobre ese cuadro, me han dicho casi de todo –digo casi, porque seguro que todavía queda mucho por exclamar y preguntar…-. Bastantes lo han alabado. Es bonito, a mí también me lo parece. Algunos interrogan con ceño fruncido: “¿Qué es eso?” Los más lanzados, desinhibidos probablemente por la copa de coñac, proclaman: “¡Podría hacerlo un niño de cinco años!” Otros, lo observan con serenidad y un asomo de extrañeza: “Me gusta, pero no sé por qué”. Incluso ha habido quien ha celebrado la valentía de exhibirlo en lugar tan principal en la casa. ¿Por qué nos cuesta a veces tanto la pintura abstracta?El clasicismo nos acostumbró a la belleza del arte figurativo, que es innegable, con sus luces, colores, figuras humanas, paisajes, naturalezas muertas y esa infinidad de escenas que han creado los grandes pintores… Fra Angelico, Rafael, Miguel Ángel, El Greco, Caravaggio, Ribera, Velázquez, Goya… Sin embargo, la pintura abstracta supone un salto en la historia del arte. Por curioso que parezca, generalmente aquellos a quienes no les gusta especialmente la pintura abstracta, sí aprecian el arte abstracto. Un claro ejemplo es el de la música. La música, es arte, y también es abstracta. ¿Acaso representa algo figurativo la música? Sin embargo, alcanza casi directamente nuestro ánimo y provoca fácilmente la emoción. ¿Por qué? Porque no la sometemos al interrogatorio de nuestra razón acerca de qué representa. Así, a la música le damos permiso para hablarnos de lo abstracto, lo que no vemos, lo que a veces nos cuesta describir. Darle permiso también a la pintura para que transmita más que figuras concretas, es el primer paso que debe dar cada uno para disfrutar de la pintura abstracta. Quedan cuestiones abiertas, ciertamente. La irrupción de la pintura abstracta provocó una eclosión de movimientos artísticos y ha desorientado a la sociedad, incluidos a veces los pintores y críticos de arte. Se ha hecho más compleja la calificación de las obras de arte y la valoración de su calidad. Sin embargo, aunque es preciso buscar solución a estos problemas, el mayor despropósito sería que fueran un obstáculo para nosotros. Dejemos a un lado a artistas que escandalizan y a impostores que con sus pretendidas novedades no aportan gran cosa a la sociedad. Y demos una oportunidad a que la pintura, también, nos pueda hablar de lo que hay más allá de lo tangible.
Filed Under: Cultura

