Alza la vista y contempla a tu Dios
El hombre que no hace oración se ahoga en las aguas de su propio tiempo. Rezar es una necesidad para cualquier persona, ya que es la manera en que uno se pone en contacto con su Creador, donde te hace conocer cuál es el plan que tenía soñado para ti desde la eternidad. Es tan necesario como comer y dormir.
Como cristianos debemos buscar esas oportunidades de oración como si fueran pepitas de oro. Pero por su inmensa misericordia, Dios nos ha regalado en la persona de Cristo, la posibilidad de poder hablar con Él de tú a tú. Y para rizar más aún el rizo, nos ha regalado la eucaristía, que es la presencia viva y real, física, de Jesucristo entre nosotros.
Ponerse ante la Hostia Sagrada y rezar es el mayor regalo que cualquier cristiano puede tener, postrarse ante Él para adorarle, para pedirle, o simplemente descansar en Él, darle gracias por todo. Esa oportunidad se nos brinda a los jóvenes y a todo aquel que se sienta joven los lunes por la noche después de la misa de las 20h30 en nuestra parroquia.
Cada lunes se presenta el Señor ante nosotros para que podamos estar un ratito juntos, para poder decir como aquel campesino de Ars que se pasaba horas ante el sagrario y que tanto sorprendía al Santo Cura: “Él me mira, yo le miro”… Sólo eso basta, su sola mirada. A mí me encanta levantar la cabeza y poder contemplar en la Custodia a mi Dios, mirándome frente a frente, porque su mirada lo dice todo. Me encanta alzar la vista y ver, contenido en ese pequeño círculo blanco, que está ahí contenido todo el universo. Me llena de paz, poder clavar mis ojos en la Paz infinita y recibirla en mi corazón. Porque en ese momento todo el universo gira alrededor de esa Hostia, en ese momento estamos viendo el centro de todo lo creado. Y ahí, cada lunes me encuentro enamorado de un Dios que me ama infinitamente más de lo que yo pueda llegar a amarle jamás y que no cesa nunca de derrochar sobre mí su Amor por pura gratuidad.
Un regalo tan inmenso como ese no se recibe todos los días, y yo lo recibo cada lunes. Por eso, no puedo por menos agradecerle a Dios y alabarle con cantos, con la guitarra, en mi humilde y pobre actuación, que sólo busca rezarle a Dios cantando, pues como decía San Agustín, quien canta reza dos veces, y poner mis torpes cualidades al servicio de mi Señor.
Desde el corazón de todos los que hemos estado preparando desde hace ya un par de años la adoración de los lunes brota un inmenso deseo de animaros a vivir este rato de oración, de tratar de transmitiros nuestra necesidad de estar junto con nuestro Señor, rezando, Él, en gloria y majestad, nosotros, peregrinando en este mundo, pero Él y nosotros en comunión íntima. Os invitamos a seguir viniendo si ya sois asiduos de los lunes, y si no lo sois, os invitamos a venir y disfrutar de ese regalo: poder estar a solas con tu Dios, pero acompañado de la Iglesia.
Si no tienes un hueco en tu agenda, te animo a que lo hagas y vengas a descansar en Cristo, a contemplar su rostro, a cargar las fuerzas que necesitarás durante la semana. Y cuando vengas déjate llevar por el Espíritu Santo, no fuerces la oración, ven a esperar, a sorprenderte, a vivir la inmensa sorpresa continua en que uno se ve envuelto cuando se acerca a Dios.
Y te animo también a que no se te olvide que Cristo, sigue estando presente en la parroquia cuando no está en la custodia, en ese Sagrario que muchas veces pasa tan desapercibido. Allí está contenida nuestra vida y la vida de toda la humanidad, y allí, ante el Sagrario, puedes prolongar en cualquier momento esa oración que comienza el lunes pero que no tiene por qué acabar nunca, pues Dios nos pide que recemos siempre, estemos donde estemos, hagamos lo que hagamos, porque a fin de cuentas toda la vida es oración, y una vida sin oración es una flor que se marchita y acaba muriendo.
Filed Under: Una Parroquia con Vida

