Centrados en la Eucaristía

Con el comienzo del nuevo curso no paran de surgir propuestas e ideas para llevar a cabo la misión de anuncio de la fe en nuestra parroquia. En primer lugar, quisiéramos agradecer a todos los que mostráis interés con vuestras iniciativas para conseguir que la misión y la actividad pastoral en la parroquia siga dando sus frutos.

Hace ya unos días tuvimos una reunión en el ámbito de la coordinación de la pastoral juvenil (postcomunión y confirmación), en la que tuvimos la oportunidad entre todos de hacer un balance del curso anterior y plantear proyectos para el presente. Fue un momento importante, como punto de arranque de estas actividades, que tuvo como centro e inicio la celebración del rezo de Vísperas y posterior bendición con el Santísimo Sacramento.

Nada mejor que la celebración litúrgica del Oficio divino para ponerlo a Él como centro de nuestra actividad. Somos conscientes de que la tarea que llevamos entre manos es Él quien la dirige; nosotros somos únicamente unos humildes trabajadores en esta obra. Y también sabemos que en la medida en que nuestra fe sea no sólo creída, sino celebrada, será también vivida en profundidad. Celebramos lo que creemos y creemos lo que celebramos, lo que influye en nuestra vida.

En la parroquia tenemos la posibilidad de celebrar la fe a través de la participación en los sacramentos. Pero también se han ido configurando otros ámbitos estrechamente unidos a la celebración de los sacramentos, como es la oración solemne ante Jesús sacramentado dos días a la semana; los jueves de 11:00 a 16:30, práctica que se viene realizando ya desde hace muchos años en la iglesia parroquial y, desde hace unos dos años, venimos haciendo también el rezo ante el Santísimo los lunes de 21 a 22 horas.

Realmente es asombroso el ver cómo cada vez más personas, sobre todo jóvenes, participan en esta oración, alternando tiempos de silencio y tiempos de cantos con el objetivo de alabar a Dios y de dejar que el Señor nos vaya hablando silenciosamente en su presencia, al mismo tiempo que posibilitando la celebración del sacramento de la Penitencia. Parece mentira que en una parroquia de Madrid en el mes de agosto hubiera un lunes cualquiera más de treinta jóvenes rezando ante el Santísimo con tanta devoción.
Este hecho nos tiene que hacer pensar no sólo en la buena aceptación que tiene esta actividad como otras en la parroquia, sino a mirar hacia el futuro, al mismo tiempo que fomentar iniciativas del tipo que sean con un único objetivo: seguir ayudando a niños, jóvenes y adultos a que éste sea un ámbito al que vengo para encontrarme con Cristo.

No andamos desencaminados si centramos la vida parroquial en torno a la Eucaristía, celebrada y adorada, como piedra angular de la vida de la Iglesia. Si valoramos este regalo y esta dimensión eucarística en profundidad, no pararemos hasta conseguir que la pequeña capilla donde se realizan las actividades centrales de la parroquia a diario se nos quede pequeña, es decir, a proponer a nuestros amigos que vengan con nosotros, que compartan con nosotros lo que es central para vivir la fe: alimentarla y celebrarla. Y recordemos siempre que las palabras del Señor “y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”, con las que concluye San Mateo su evangelio, se hacen realidad palpable cuando puedo acercarme, casi tocar, al mismo Cristo, porque además veo que mi vida cambia, y a mejor.

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