El último Capellista

Apreciado Señor Director,
En primer lugar, sirva esta carta para felicitarle a usted y a su equipo por el trabajo que están realizando con este boletín. Creo que conforme pasa el tiempo el grado de madurez y de contenidos está alcanzando cotas muy interesantes y el eco que tienen sus palabras va en claro aumento.

Asimismo resaltar que es importante tener nexos de unión entre nuestra comunidad y difundir un boletín de forma “cibernética” está muy acorde con nuestros tiempos y minimiza distancias, sin perder de vista la edición en papel, que sigue estando muy arraigada a nuestras costumbres: café, churros y sanjorgedigital.

El motivo de esta carta es declarar una situación de rebeldía e indignación absoluta ante unos lamentables sucesos que han ocurrido en los últimos meses y todavía hoy siguen ocurriendo en los aledaños de nuestra Parroquia, en la misma calle Padre Damián, y que creo deben ser denunciados al más alto nivel por estar hiriendo de gravedad la sensibilidad de algunos entre los que me incluyo.
Me refiero, como no puede ser de otra manera, a la forma en la que el Real Madrid Club de Fútbol ha prescindido de los servicios de Fabio Capello. Permítame detenerme en los “haberes” y los “debes” de este señor.
Este caballero en buena lid tiene en su haber, el haber (valga la redundancia) llegado a un equipo destrozado psíquica y físicamente, sin espíritu, sin sangre, sin coraje, sin sentimiento, sin nada y en un año (mejor dicho, en una temporada de 10 meses) haberlo llevado a conseguir un título de liga tras cuatro años de sequía y todo en contra. Igualmente tiene en su haber que en el último cuarto de la liga, esto es 10 partidos seguidos al menos, hayamos visto victoria tras victoria consumadas a partir de una raza que parecía perdida, de un empuje que salía de los colores blancos.

Igualmente tiene en su haber el registro de mejor Real Madrid fuera de casa en la historia de la liga, en más de 100 años ya. De forma más subjetiva, le pondré en su haber el lograrlo con un equipo muy “normalito” a nivel de figuras. Vamos, que se cargó a todos los mal llamados “galácticos”, para lo que hacía falta valor, y jugó con un plantel de futbolistas de lo más “mundanos”.

¿Cuál es su “debe”? Dicen que no jugaba muy vistoso. La pregunta si relee usted el párrafo anterior: ¿cómo quiere usted que juegue una caricatura de equipo como el que cogió? Ah! Y ya. No hay más en el “debe”.
Querido amigo, no quisiera dejar en esta carta una crítica a Bernardo Schuster, gran jugador en su tiempo, cuya currícula como entrenador hoy por hoy está por hacerse, y al que le deseo la mejor de las suertes. Creo muy a mi pesar que no va a tener una vida muy larga como entrenador del Real Madrid y que los primeros compases de esta temporada está viviendo de las rentas. Espero de verdad estar equivocado en este futurible, señor director.
Este mensaje va dirigido a una clase dirigente que por motivos inexplicables prescindió mezquinamente de los servicios de este entrenador, previo pago de 6 millones de euros a fondo perdido. Podrían haberlo dejado de utillero, vaya, y no hubieran perdido el dinero, hombre.

Amigo, otro factor que supone mi estupor más inexplicable, es la complacencia social que esta decisión peregrina tiene en las mayorías sociales. Vamos, que manteniendo este debate en diferentes foros me estoy quedando más sólo que la una, que ya de por sí está muy sola. ¿Por qué miran con complacencia ahora al equipo que tiene un juego muy, muy, muy justito salvo en momentos puntuales? Se lo digo yo, querido amigo: porque ganan. Eso que dicen de que quieren mejor juego no se lo cree nadie. Verá usted como si no tienen títulos, aunque bailen claqué con las orejas, las cabezas rodarán.

No me extiendo más, ya que creo explicada mi denuncia. Comprenderá usted, que no puedo seguir viendo con los ojos vendados cómo Domingo tras Domingo nuestro aparcamiento de la parroquia se desborda de gente que va a presenciar la ignominia de forma complaciente con “una banda de insolentes que atenta contra mi dignidad” (Extraído de los Salmos). Nuestra comunidad no debe estar ajena a tamaña afrenta. Rebeldía cívica.

Reciba un cordial saludo.

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