Murieron por Amor a Cristo

“Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios”.(S. Ignacio de Antioquia) . El pasado lunes 29 de octubre tuvo lugar en la Plaza de San Pedro del Vaticano, la ceremonia de beatificación de 498 mártires españoles. Estas personas dieron el supremo testimonio de la verdad de su fe, llegando hasta la muerte.

Un mártir es una persona que por caridad (amor) soporta la muerte en un acto de fortaleza y da testimonio de Cristo muerto y resucitado. Sólo entendiendo esta premisa se puede explicar el martirio.

Martirio implica morir amando a los asesinos, anteponer la vida en Dios a la propia vida terrena, convencidos de que quien pierda la vida por Cristo la ganará y quien no lo haga la perderá.

En estos últimos días ha habido cierta polémica por la beatificación y sus “connotaciones políticas”. Durante la ceremonia, el secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Tarcisio Bertone, hizo alusión a este tema afirmando que los 498 mártires murieron por amor a Cristo y no por razones políticas. “Su muerte –continuó– constituye para todos un importante acicate que nos estimula a superar divisiones, a revitalizar nuestro compromiso eclesial y social, buscando siempre el bien común, la concordia y la paz”.

Así mismo recordó el significado del martirio diciendo: “al unir su sangre a la de Cristo sacrificado en la cruz, la inmolación del mártir se transforma en ofrenda ante el trono de Dios, implorando clemencia y misericordia para sus perseguidores”.
También hizo prevalecer el acto del sacrificio sobre cualquier contexto histórico en que se dé. “Todo martirio tiene lugar ciertamente en circunstancias históricas, pero en medio de ese drama, el mártir sabe trascender el momento histórico concreto y contemplar a sus semejantes desde el corazón de Dios”.

Desde el mensaje de bienvenida del Primado de España y Arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares hubo una idea que centraba la celebración y la peregrinación de miles de personas. Los mártires “constituyen una llamada apremiante a la unidad, a la paz, al reconocimiento y respeto de cada ser humano, al diálogo, a la mano tendida, al perdón y a la reconciliación entre todos”.

Confiados en Dios recemos para que tantas semillas plantadas tengan fruto en nuestras vidas y estos testimonio sean fuentes de vocaciones a la Santidad en nuestra querida España.

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