Nuestra esquizofrenia moral
Comí el domingo pasado en casa de mis suegros, conocidos por muchos de vosotros. Después, larga e interesante tertulia sobre nuestra sociedad y sus valores, la familia y el matrimonio y otros temas de sumo interés.
En el fragor de la charla y el ardor de la defensa de las posiciones, Paloma, mi querida suegra, utilizó una palabra que se me quedó grabada: esquizofrenia. Efectivamente, es el término que mejor refleja la situación moral actual de España y, yo diría, de toda Europa: vivimos marcados por una enfermedad llamada esquizofrenia moral.
En un mismo momento histórico y en un mismo país se defiende a ultranza la unión, como matrimonio, de dos personas del mismo sexo, pues se entiende que el matrimonio es una institución saludable y digna de ser defendida, a la vez se aprueba, con amplia mayoría, la Ley del divorcio Express. El contrato celebrado entre dos personas físicas en el que más prestaciones se entregan – la misma persona-, pasa a ser el vínculo jurídico más fácil de romper en nuestro Ordenamiento jurídico-civil: no hace falta causa. Unilateralmente, cualquiera de los cónyuges, puede repudiar al otro. Sin más, de la noche a la mañana.
Asimismo, no deja de insistirse en la fuerza de la juventud, la bondad de esa preciosa edad, llena de alegría, altruismo y generosidad, pero se considera un aventurero inconsciente, o quizás un carca opusino, al joven que decide casarse, y no digamos tener hijos, antes de los treinta años.
Por otro lado, al mismo tiempo que se pone el grito en el cielo con la mal llamada “violencia de género”, se mira para otro lado, incluso se fomenta e incentiva la práctica de ese cruel asesinato de indefensos llamado aborto. En España, 90.000 abortos en el año 2006.
Continuamos, y observamos como nos martillean con grandes palabras y consabidos discursos sobre libertad, tolerancia y respeto –véase, la malintencionada asignatura de Educación para la Ciudadanía- a la vez que proliferan las exposiciones “artísticas” en las que se ataca gravemente la dignidad de Dios y de su Iglesia, sin que nadie se rasgue las vestiduras.
Finalmente, y para concluir este sinfín de hipocresías morales, nos encontramos con que hoy mismo, miércoles 31 de octubre, se acaba de aprobar con clara mayoría la inefable Ley de Memoria Histórica. Un Ley que, con fines únicamente electorales, busca sacar a la luz el rencor, las heridas pasadas y las tensiones de una tristísima época de nuestro país. Por otro lado, llovieron críticas, torticeras y manipuladoras, a la Iglesia Católica por conmemorar y beatificar a 498 mártires del siglo XX de España.
Toda esta doble cara ética tiene un nombre: relativismo moral. No es más que la imposición de lo políticamente correcto que, por cierto, casi nunca coincide con lo profundamente cristiano.
Ante la esquizofrenia, cordura. Ante el relativismo, Verdad.
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