Sin complejos: ¡Viva España!

Aún recuerdo aquel precioso agosto de 1997 en París, acompañado de algunos jóvenes de la parroquia, como Javier Herrero y Luis Climent. Jornada Mundial de la Juventud. Cientos de miles de jóvenes viendo al Papa Juan Pablo II. Teníamos 16 años. En cada esquina, en cada calle, en cada parque, jóvenes de todas las razas, edades y colores. Y todos ellos, pertrechados con la bandera de su país.

Nosotros, jóvenes del colegio San Agustín de Madrid, llevábamos también la nuestra, la bandera de España. Cada cierto tiempo le tocaba a uno distinto llevarla y ondearla. Pues bien, rememoro ahora con cariño, pero con cierto rubor, cómo yo evitaba que me tocase portarla. Me daba vergüenza llevarla, pero no por timidez –esa característica el Señor nunca me la concedió-, sino porque me avergonzaba de la bandera misma. Me encantaban los colores, pero la asociaba a la “derecha rancia”, cercana al franquismo.

Internamente me emocionaba cada vez que escuchaba el himno nacional, cada vez que un deportista español ganaba una gran competición, cada vez que veía miles de banderas españolas juntas, pero, cara al exterior, no dejaba de verle un tinte político, muy cercano al conservadurismo carca.

¡Qué gusto librarme de esas esposas cargadas de prejuicios!, ¡Qué descubrimiento entender que amar a tu país y honrar tu bandera nada tiene que ver con ninguna ideología política!, ¡Qué satisfacción echarme la bandera de España a la espalda y caminar por Castellana mientras me emociono viendo desfilar a la legión y a los regulares, con su paso elegante y caballeresco. ¡Qué agradable ver a los niños pequeños con las banderitas de España, a los padres ilusionados con su Patria, a los militares conteniendo las lágrimas mientras escuchan el himno a los caídos!, ¡Qué placer pasear por un Madrid coloreado de rojo y amarillo con mi mujer, mi padre, el cura y algunos amigos de San Jorge el día de la Fiesta Nacional!

Ahora que veo a los radicales independentistas quemando fotos del Rey, a los ayuntamientos de nacionalistas y socialistas sin izar nuestra bandera -incumpliendo la Ley y la recientísima Jurisprudencia del Tribunal Supremo-, a los separatistas vascos y catalanes cada vez más crecidos y envalentonados, al Lehendakari lanzando órdagos al Estado y, sobre todo, a un Gobierno condescendiente y cómplice de este tipo de ataques a la Corona, a las Instituciones y a todos los españoles, no puedo más que gritar, internamente –como siempre hice-, y externamente desde hace ya unos años, sin complejos, con convicción, con firmeza y con orgullo: ¡Viva España!

Filed Under: Res Pública

100 Visitas



Dejar un comentario