El mejor regalo para esta Navidad
Seguro que todavía estáis por comprar los regalos de reyes de esta navidad. A lo mejor habéis sido previsores y ya los tenéis. El último grito en móviles, la Play 8000, el más fragante de los perfumes, bombones,… Yo os propongo un regalo infinitamente mayor, y que encima, es gratis. Y como no cuesta nada podéis seguir regalando el resto de cosas. Pero aún hay más: si regaláis esto, todos los demás regalos van cobrar otra dimensión y se van a apreciar mucho más.
El regalo del que hablo es la gloria de Dios. La Navidad es un tiempo para compartir, pero sería reducir a la pobreza este tiempo si los cristianos no compartimos el regalo más grande jamás donado: “Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria”. Que se quiten todos los objetos que brillan en los escaparates del mundo; este regalo brilla por sí solo, no necesita focos, y deslumbra a aquel que lo contempla.
La Palabra de Dios, la que da la vida, que hace nuevas todas las cosas, se hace hombre y toma la condición humana para llevarnos hasta la gloria de Dios. Por Jesús, ese crío que nace en el pesebre, que es ungido por el Espíritu Santo en el bautismo del río Jordán, podemos ya contemplar a Dios, podemos conocer al Padre. Por la encarnación del Hijo de Dios, la experiencia del hombre con el Señor se humaniza. La Navidad significa que tú y yo podemos hablar con Dios, recibir su Amor, escucharle, sentir su abrazo, de un modo humano pero a la vez perfecto.
Esto merece toda celebración: llenar nuestras calles de luz, de belenes, derramar nuestra caridad con los demás,… No sólo brindamos porque nos juntamos otro año más con nuestros seres queridos, no se ponen lucecitas sólo para que las calles queden más bonitas y la gente salga de compras. Lo que celebramos es mucho más grande: No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad, y nos infunde la alegría de la eternidad prometida.(Cif S. León Magno)
Porque Dios se había manifestado antes a los hombres pero en la Navidad lo hace asumiendo nuestra humanidad. Por eso si dejamos que Él, por medio de su Espíritu tome nuestro cuerpo, sople en nuestra alma y avive nuestro corazón, seremos el escaparate que contenga este regalo, seremos los portadores de este tesoro que brilla con luz propia.
¿Y nos lo vamos a guardar para nosotros? Gritemos junto con Isaías: “¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: Tu Dios es rey!”
Los magos de oriente siguiendo a la estrella, el signo que Dios les puso, para adorar al Hijo de Dios, nos dan una pista de cómo dentro de nuestras posibilidades, en nuestra debilidad, podemos ser receptores y emisores de esa gracia que llama a todos los hombres a Cristo. Nosotros, que ya hemos encontrado la gracia, debemos volver por otro camino, derramándola a nuestro paso.
Estas navidades no podemos quedarnos como si nada, y no podemos celebrarlas como las anteriores: el Señor nace para ti, se hace hombre por ti, y asumirá toda tu condición para llevarte a la gloria. El cielo en la tierra, la tierra en el cielo; el hombre en Dios, y Dios en el hombre, que diría San Pedro Crisólogo, el universo entero contenido en la carne de un niño, contenido en esa Hostia Santa que nos alimenta en la Eucaristía, el universo contenido en ti, cada vez que comulgas, gracias a que Dios se hizo hombre en Belén. ¿Te parece poco regalar más que el universo? Empéñate en buscar este regalo.
Filed Under: Una Parroquia con Vida

