Hay que vivirlo en grupo…
“Una comunidad convence y llena cuando es la comunidad de Jesús”
Hace algunos años ya que me confirmé en la Catedral de la Almudena, junto a un numeroso grupo de jóvenes que, como yo, había recibido en la parroquia catequesis de confirmación. Yo, por esa época, no sabía prácticamente nada, mi fe era la de un niño pequeño, tal vez no por lo que supiese o no, que es importante pero no tanto, sino por la experiencia que hasta ese momento había tenido de Dios en mi vida.
En efecto, hasta aquí me habían dado todo muy “masticado”. Pero el recibir el sacramento coincidía con cambios importantes en mi vida.
Con la universidad empiezas una etapa de mayor independencia, en la que tienes que tener claro por qué haces las cosas y cómo las quieres hacer. Y se te abre un abanico muy amplio de posibilidades; te asomas a la sociedad de los adultos y te sientes mayor, feliz… quizás de forma un poco inconsciente, pensándote que te vas a comer el mundo mientras sondeas los espejismos de falsa felicidad que se levantan ante ti.
Es entonces imprescindible que busques los mejores compañeros de camino, para no patinar en falsas ilusiones. Por suerte, desde aquel entonces yo he tenido estos compañeros, que han allanado mi camino haciéndome muy feliz.
Hablo, por supuesto, de la Iglesia. Cuando por fin te das cuenta de que la Iglesia no son “el papa, los curas, las monjas y tal vez el botafumeiro”, sino que Ella es nustra madre, compuesta por todos nosotros y guiada por el mismo Cristo, descubres que no hay modo alguno en que te puedas sentir igual de querido, igual de acompañado e igual de lleno de sentido.
En la parroquia, a lo largo de estos años, he tenido la suerte de conocer a verdaderos cristianos que han sido ejemplo de esto. En concreto, los grupos de jóvenes me han permitido compartir lo más grande que tengo; mi fe, y así dejar que el Espíritu vaya creciendo en mí. Cuando tu fe crece es porque tu corazón, en tu infinita pequeñez, está abierto a la acción de Dios, y eso te da un gozo que no he conseguido encontrar en muchas noches de copas. Porque todo sin Dios cansa, todo sin Dios me aburre, porque ahora, gracias a vosotros que habéis sido Iglesia cercana a mí, conozco que la vida con Dios es auténtica, es paz y tremenda alegría aún en las adversidades. Y todo con Dios me llena. Aunque siga siendo pequeñito y cabezón… ¡Pero es que soy Hijo de Dios!
Merece la pena hacer el camino de la vida rodeado de buenos amigos cristianos. No cambio por nada mis reuniones del grupo de jóvenes, donde descubro mi fe en los demás y me descubro a mí mismo en sus alegrías y sus penas. Aunque mis amigos que no creen se tiren de los pelos intentando descubrir qué tiene la reunión para que no les coja el teléfono hasta que termine.
Si podéis, este humilde servidor os aconseja buscar un grupo cristiano de referencia en vuestras vidas, del tipo que más os guste. Mientras Dios está en el centro de un grupo, éste será LUZ que os guíe y os haga VIVIR con mayúsculas en medio de este mundo de falsos espejismos en que vivimos.
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