Spe Salvis
Ya está aquí la II Carta Encíclica del Sumo Pontífice Benedicto XVI. “SPE SALVI facti sumus” -“en esperanza fuimos salvados, dice San Pablo a los Romanos y también a nosotros.” (Rm 8, 24). Así comienza este nuevo y a la vez antiguo mensaje que nos transmite nuestro Papa.
Estrenamos el tiempo de Adventus, llegada. No sólo de Jesucristo histórico y su encarnación en la Natividad, sino también de la definitiva Parusía. Esta Encíclica llega en un momento clave para hacernos conscientes de dónde hemos de tener puesta la esperanza los cristianos, qué llegada esperamos y cómo se nos dijo que esperáramos.
A veces nos da la sensación de que vivimos en un mundo oscuro, en que nada es ratificable con firmeza, en que pasado, presente y futuro son inciertos. Me atrevo a decir que hay muchas personas muertas andando por la calle.
San Pablo recuerda a los efesios que antes del encuentro con Cristo no tenían en el mundo ni esperanza ni Dios. Es decir se hace una separación que ha marcado nuestra historia. El mismo tiempo se mide para la mayoría en años antes o después de Cristo.
El encuentro con Cristo diferencia también a las personas, los que tienen fe y los que no. Fe y esperanza son intercambiables a lo largo de toda la Biblia.“No os aflijáis como los hombres sin esperanza”(1Ts a, 13).
Con que simplicidad y claridad explica el Papa este cambio, “los cristianos tienen un futuro: no es que conozcan los pormenores de lo que les espera, pero saben que su vida, en conjunto, no acaba en el vacío. Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente.” La buena noticia no es solo información, es Palabra de Vida, capaz de cambiarla y de hacerla nueva.
El Papa hace un interesantísimo análisis del mundo moderno y las corrientes de pensamiento centradas en el progreso como camino erróneo hacia el Reino del Hombre. La libertad y la razón como pilares de construcción de nuestra Era y el peligro que pueden conllevar si no nos llevan hacia el bien. Cuando el hombre deja de esperar en Dios para esperar en sí mismo y sus capacidades se ve al final escéptico y limitado.
Hace también autocrítica al cristianismo por limitar el horizonte de la redención al individuo y su salvación y no valorar suficientemente la grandeza de nuestro cometido en la tierra como principales activos de la formación del hombre y la atención a los débiles y a los que sufren.
El ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita poder decir “ Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” ( Rm 8 38-39), “Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.”(Ga 2, 20)
Para vivir este AMOR, Dios sólo espera que nos dejemos hacer, que nos acerquemos a Él en la oración, en los Sacramentos, … En este tiempo de Adviento avivemos nuestra espera, fe, esperanza o como lo queramos llamar.
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