¿Por qué no te callas?
Llegando la navidad todos son buenos sentimientos y deseos de felicidad, nos intercambiamos felicitaciones y regalos a la vez que hacemos votos por un mundo mejor. Pero si profundizamos un poquito más en el sentido Cristiano de estas fiestas, nos daremos cuenta de que la misma liturgia nos invita a alabar al Rey de Reyes que viene a salvarnos. Parafraseando a nuestro rey “temporal” me gustaría poder felicitaros las pascuas con un “¿Por qué no te callas?”. Siendo característica de los Cristianos la buena educación y el buen gusto, muchos de vosotros podríais culparme de una grosería manifiesta, ahora bien, tendría que aclarar que es lo que hay que callar en mi y en vosotros para que esta Navidad sea auténticamente Cristiana.
Sin ser exhaustivo, a simple vista trataría de que callara en el mundo el grito de guerra, el grito del niño asesinado en el vientre de su madre, el grito de hambre de más de la mitad de la población del planeta… y probablemente nos sonaría a algo manido y excesivamente oído. Avanzando en esta línea de reflexión me gustaría que pudieran callar, al menos por estos días, esos “púlpitos laicos” que predican contra el AMOR, el BIEN, la BELLEZA, que nos ha venido a traer Cristo; que callaran también esos aguafiestas que nunca encontrarán motivo para alegrarse, deseando que llegue lo más rápido posible el 7 de enero; que callaran incluso esos cantos de sirena de la sociedad de consumo que nos invita a desvirtuar completamente el sentido de estos días.
Podríamos pasar el resto de estas celebraciones disertando sobre lo que tienen que callar el mundo que nos rodea o las personas que nos molestan, pero ese “¿Por qué no te callas?”, me gustaría que cada uno se lo pudiera aplicar a si mismo cuando, por ejemplo, sienta simplemente el desánimo ante el descreimiento generalizado del mundo que nos toca vivir; cuando sienta una nostalgia sin consuelo ante la ausencia de los que ya no están aquí, olvidando que están mucho mejor que tu y que yo esperándonos con Dios; cuando te veas frívolo gastando sin ton ni son en unos regalos faltos de cariño; cuando te veas participando activamente en todo tipo de fiestas y reuniones vacías, en las que no se puede respirar el auténtico sentido de la Navidad; cuando… Cada uno sabría poner en este lugar tantas y tantas situaciones, circunstancias, sentimientos, actitudes, que como no acallas debidamente te impiden vivir el auténtico motivo de nuestra esperanza:
“No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor.” (Mt. 2,10-11)
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