Amor al niño
“Al Dios de los ejércitos podíamos temerle. Al Dios de los filósofos y sabios podíamos admirarle. Pero Dios sabía que solo le amaríamos si se hacía bebé.”
No pude pasar de largo ante esta reflexión cuando la ley hace semanas. De inmediato me conquistó por su increíble y a la vez simple razonamiento.
Hace poco hablaba con unos amigos acerca de las distintas formas que tenemos los cristianos de acercarnos a la gente que no cree. Esta pregunta es protagonista en muchos foros de debate cristiano. Las ideas eran, siento decirlo, las mismas de siempre. En mi cabeza esta pregunta ha seguido rondando durante unas semanas. Y por fin esta última semana he llegado a una conclusión. Desde luego no es la fórmula de la Coca- Cola pero a mi me contesta y me gusta.
Con ánimo de investigar en el campo de batalla, una tarde le saqué el tema a un amigo que es ateo convencido. Le pregunté qué tendría que ocurrir para que creyese. Su respuesta tardó en llegar pero finalmente fue un “Cuando ese supuesto Dios baje de su trono y elimine las injusticias que veo todos los días, entonces creeré”. A esto le contesté qué cómo lo haría él si fuese dios. “Castigando a todo el que haga o permita el mal”, me contestó. Llegaba tarde a trabajar y tuvimos que dejarlo ahí.
Dándole vueltas a su respuesta llegué a la conclusión de que no era nada nuevo. Lo mismo esperaban los judíos hace más de 2000 años. Mucha gente espera un Dios solucionador y castigador de los injustos. ¿Nos salvaríamos alguno de la quema?¿Le amaríamos entonces?. Menos mal que nosotros no somos Dios y que Él es inmensamente más sabio.
Los hombres no sabemos esperar y esperamos lo que no debemos. Por eso no lo entendimos cuando vino. Esperábamos una demostración de inmenso poder y nos mostró pobreza. Esperábamos cólera justiciera y nos trajo misericordia infinita. Un caudillo del ejército más poderoso y se hizo niño. ¿Por qué?
Es fácil, Dios no quiere asombrar, atemorizar, mandar. Él solo quiere AMOR. Sí, aunque no nos lo creamos Dios quiere el amor de su criatura. ¿Le amaríamos si fuera todas esas cosas que esperamos? A mí me sería difícil. Sin embargo Dios sabía que si se presentaba en una forma que pudiésemos abrazar, la de un bebé, podría ser amado. Y así fue.
Por desgracia a veces nos olvidamos de la importancia de la niñez, no solo la física sino la de corazón. Cristo no lo olvidó y lo remarcó. “…si no cambiáis y os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos….”(Mt,18). Si el se acercó a nosotros en esa forma, qué mejor forma y qué más palabra que la de Cristo necesitamos para saber que es así como quiere que nos acerquemos a Él y por tanto que así debemos acercarnos a quien no cree.
Que cada cual vea en esta Navidad la oportunidad de hacerse niño. Él año tras año lo hace para nosotros. Hagámoslo nosotros para los que no le conocen. ¡Feliz nacimiento!!!
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