Itinerarios de fe en el Museo del Prado

Esta Navidad podemos hacer la experiencia de recorrer uno de los Itinerarios de fe que la Misión Joven de Madrid propone en el Museo del Prado, hasta el 31 de diciembre.

Todo lo que vemos y miramos nos conforma como personas. Nadie ha visto jamás a Dios. Sin embargo, podemos acercarnos a Él a través de la mirada. La contemplación es una forma de orar que nos une con el Misterio más allá de los razonamientos y de las palabras. Tan sólo mirando, nos dejamos alcanzar por aquello que nos ha cautivado. A este fin ha servido siempre el arte sacro.

El arte, de esta manera, ofrece una invitación a entrar en un diálogo orante con la realidad. Sólo hay que atreverse a mirar, a dejarse afectar. Esta Navidad podemos hacer la experiencia de recorrer uno de los Itinerarios de fe que la Misión Joven de Madrid propone en el Museo del Prado, hasta el 31 de diciembre. No hace falta ser joven, sólo hace falta animarse a participar.

Los itinerarios consisten en una visita guiada de una hora aproximadamente, y cada uno abarca cuatro o cinco obras. Se realiza un breve comentario histórico y artístico de cada una de ellas, y se da pie a la reflexión y la contemplación de las mismas.

El día 27 de diciembre a las 11.00 de la mañana se realizará el itinerario “Cristo, Redentor de la Humanidad”. Los interesados pueden escribir un e-mail a culturaSJD@gmail.com. Se admitirán inscripciones hasta completar plazas.

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¿Quién es Loreley? Loreley es el nombre de una peña situada a la orilla este del Rin, cerca de Sankt Goarshausen. Su nombre designa al tramo más estrecho y profundo del río legendario. Desde la Edad Media existen referencias a su utilización como marca en los caminos. Y también, historias y lamentos acerca del peligro que corrían quienes navegaban por el Rin y a ella se acercaban. Por aquellas tierras, ricas en mitos e historias, se propagó la noticia de que una sirena habitaba en la roca. Orientaba a los pescadores, que obtenían una pesca abundante. Pero muchos también naufragaban, cautivados por el embrujo de sus cantos. Los grandes autores del romanticismo alemán escribieron versos a la sirena Loreley, como Heinrich Heine en 1824. Yo, que de sirena tengo poco, en cambio sí quisiera interpretar mis cantos desde la roca en que me siento. Desearía que pudieran ayudar a quienes los escuchan a obtener una pesca abundante. Soy consciente de que si alguien tratara mis palabras como verdades absolutas, podría naufragar. A veces yo he sido la primera. Pero permanezco en mi puesto. Interpreto mis cantos de sirena. Y me esmero por llegar a quien los escucha. Mi formación es económica y jurídica, y ambos enfoques están siempre presentes en mis ideas. La cultura es una de mis pasiones. No como saber acumulado, sino como manera de mirar la vida. Disfruto con el arte, en todas sus formas. También con las humanidades. Soy conciliadora en el conflicto, y me gusta opinar. Lo social jamás me es indiferente. Y quisiera comportarme como cristiana cuando escribo. Este deseo exige mucho de mí. Me obliga a reconocer, con franqueza, mis fallos; a expresar mis anhelos; a no callar; a callar a veces; a denunciar; a alabar; a preguntarme; a leer; a disfrutar; y a permanecer en esta Roca, entonando mis cantos de sirena.



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