CARPE DIEM

Los redactores de esa maravilla de “San Jorge digital” con que nos regalan quincenalmente, nos piden colaboración a los lectores. Y esto, aunque solo sea por agradecimiento, es algo a lo que no puede uno negarse. Claro que hay dificultades. Siempre hay una cierta perecilla, así en diminutivo, que resulta más fácil de autoperdonarse. Porque si lo llamamos Pereza, con todas las letras, estamos citando al séptimo de los pecados capitales de mi catecismo, y esto son palabras mayores. También resulta que uno tiene su orgullo, y no es tranquilizador exponerse a que puedan comparar el estilo literario propio con el magnífico del cuadro de columnistas del Boletín parroquial. Aunque como orgullo viene a ser soberbia, de nuevo me recuerda mi catecismo que éste es nada menos que el primero de los dichosos pecados capitales. Pero no nos engañemos (y pido prestada esta frase a un amigo mío), la mayor dificultad es elegir el mensaje, la idea, la experiencia que se tenga y que podemos contar y pueda ser útil a los demás. Porque la realidad es que yo, que no soy viejo (mi nieto más pequeño se ha despistado alguna vez llamándome así, pero es que el pobre no distingue de matices), tengo sólo 74 años, y pertenezco a ese grupo de personas que solemos repetir la misma cantinela: ¡qué deprisa pasa el tiempo! Y no es que seamos unos Idefix de la vida real, es que hemos comprobado que no es que la vida pase a toda velocidad, es que pasa a toda aceleración. Y claro, la velocidad aumenta y llega a ser vertiginosa. (No se si los de ”Letras” captan esto). Y queremos que todos se enteren, por la cuenta que les tiene. Porque precisamente por lo deprisa que pasa, hay que aprovecharla. Hace algún tiempo que veo citado aquí y allá la frase “carpe diem”, porque los “escribidores” se copian unos a otros las citas sin tener idea del texto original y yo no soy la excepción. Y como mis siete años de latín del bachillerato han dejado hueco a conocimientos posteriores, he investigado la traducción y el asunto. Y resulta que la cosa viene de una oda de Horacio, nada menos, y viene a ser algo así como “aprovecha la ocasión”, en la línea de “comamos y bebamos que mañana moriremos”, tan propia del Carnaval. Pero también se ha visto que puede interpretarse con un sentido más trascendente, porque los poetas son así, sin saberlo expresan grandes ideas. Aunque para decirlo con mas sentido cristiano, y en latín también, esta mejor “memento mori”, recuerda que eres mortal. Introduce un sentido de humildad y arrepentimiento, que el pobre Horacio no podía vislumbrar años antes de Cristo. Lo que a nosotros nos interesa es el aprovechar el tiempo mientras podamos, para presentarnos con las manos llenas el día que nuestro Creador nos llame, y no con ellas vacías como el protagonista de aquella vieja película. Y con esto acabo, porque no me va a venir ahora ningún feligrés de San Jorge, con que cómo se pueden llenar esas manos. Pero en fin, si hay algún despistado, que lea una página de los Evangelios y se le ocurrirán muchas ideas, seguro. Tan seguro como que me apuesto lo que quiera. (Esto de la apuesta me ha salido genial. Siempre vine bien ganar algún dinerillo: carpe diem).

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