Cuarenta

Fueron cuarenta días los que pasaron Moisés y Elías antes de encontrarse con Yahveh. Jonás aguardó cuarenta días para recibir el perdón. El pueblo de Israel peregrinó durante cuarenta años en el Sinaí. Jesús se retiró al desierto para ayunar y rezar durante cuarenta días, antes de comenzar su ministerio público.

La Cuaresma guarda un simbolismo profundo. Gran parte de él reside en la fuerza del número cuarenta. Detengámonos para caer en la cuenta de su carga cristiana.

El número cuarenta nos remite al desierto. El desierto es un lugar físico, y un lugar espiritual. Representa la vida llevada al límite, expuesta a condiciones extremas. En la arena se arriesga el hombre a perderse, se enfrenta con una tierra con vida propia y cambiante. A la vez es un espacio de silencio y paz; de soledad elegida. En ese recogimiento sucede la experiencia de Dios. El esfuerzo no es buscado en sí mismo: es una travesía hacia algo mejor. Es una apuesta, una búsqueda. Es una interpelación a abandonar seguridades y ponerse en camino. Pero no es hogar donde permanecer.

El número cuarenta expresa paciencia y preparación. Cuarenta es una cifra que denota abundancia, para el pueblo de Israel. Una abundancia que, sin embargo, no es plena. El número cuarenta representa una cantidad considerable, pero falta de plenitud. Es imagen de la paciencia y la perseverancia. Lleva a mirar la vida como proceso, como transformación.

El número cuarenta sólo se completa cuando Dios le da plenitud. El cuarenta de Moisés y Elías se completa cuando, al fin, se encuentran con Yahvé; El cuarenta de Jonás sólo culmina cuando experimenta el perdón y la misericordia de Dios; El cuarenta del pueblo de Israel alcanza su cima cuando llega a la Tierra Prometida; El cuarenta de Jesús termina cuando toma en sus manos su ministerio público y comienza su envío.

El cuarenta de los cristianos alcanza su plenitud con la muerte y resurrección de Jesús. La búsqueda del cristiano, que abandona sus seguridades y se pone en camino, es una búsqueda del Crucificado. Es una historia de amor. Amor entregado hasta el extremo. Amor que es más fuerte que la muerte. Sólo se completa cuando el Resucitado abandona el sepulcro oscuro y camina a la luz de la Vida.

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