Cuaresma

Cuaresma no es tiempo de signos externos y grandilocuentes:
es tiempo de encuentro personal con el Señor.

Cuaresma no es confiar en mis fuerzas:
es ponerme en manos del Padre.

Cuaresma no es medir y pesar mis obras:
es ofrecer mi vida por completo.

Cuaresma no es tiempo para mí:
es tiempo para mis hermanos.

Cuaresma no es castigo y culpabilización:
es abrirme suavemente a la llamada del Padre que llega.

Cuaresma no es hacer sacrificios incomprensibles:
es poner mi vida en juego, al servicio de mi hermano.

Cuaresma no es centrarme en mi propia limitación,
entrando en la dinámica del perfeccionismo:
es reconocer que necesito ser salvado.

Cuaresma no es lamentarme por mi debilidad:
es aprender a confiar en Su fuerza.

Cuaresma no es desconfiar de mí:
es confiar en Él.

Cuaresma no es avergonzarme de mi miseria:
es sentir Su mano que me sostiene y me limpia.

Cuaresma no es tiempo de convocar a los perfectos:
es una llamada a mi puerta de atrás. ¿Abro la puerta?

Cuaresma no es limosna obligada:
es compartir lo que tengo, agradecido, porque nada se me dio por mis méritos.

Cuaresma no es tiempo de ayuno,
si no vivo con austeridad ni comparto con otros aquello a lo que renuncio.

Cuaresma no es tiempo de tristeza y golpes de pecho:
es tiempo de esperanza y apasionamiento por el Reino de Dios.

Cuaresma no es tiempo de prepararse con miedo a la muerte del Señor:
es tiempo de prepararse para mirar y agradecer la vida que despunta y vence en la muerte.

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¿Quién es Loreley? Loreley es el nombre de una peña situada a la orilla este del Rin, cerca de Sankt Goarshausen. Su nombre designa al tramo más estrecho y profundo del río legendario. Desde la Edad Media existen referencias a su utilización como marca en los caminos. Y también, historias y lamentos acerca del peligro que corrían quienes navegaban por el Rin y a ella se acercaban. Por aquellas tierras, ricas en mitos e historias, se propagó la noticia de que una sirena habitaba en la roca. Orientaba a los pescadores, que obtenían una pesca abundante. Pero muchos también naufragaban, cautivados por el embrujo de sus cantos. Los grandes autores del romanticismo alemán escribieron versos a la sirena Loreley, como Heinrich Heine en 1824. Yo, que de sirena tengo poco, en cambio sí quisiera interpretar mis cantos desde la roca en que me siento. Desearía que pudieran ayudar a quienes los escuchan a obtener una pesca abundante. Soy consciente de que si alguien tratara mis palabras como verdades absolutas, podría naufragar. A veces yo he sido la primera. Pero permanezco en mi puesto. Interpreto mis cantos de sirena. Y me esmero por llegar a quien los escucha. Mi formación es económica y jurídica, y ambos enfoques están siempre presentes en mis ideas. La cultura es una de mis pasiones. No como saber acumulado, sino como manera de mirar la vida. Disfruto con el arte, en todas sus formas. También con las humanidades. Soy conciliadora en el conflicto, y me gusta opinar. Lo social jamás me es indiferente. Y quisiera comportarme como cristiana cuando escribo. Este deseo exige mucho de mí. Me obliga a reconocer, con franqueza, mis fallos; a expresar mis anhelos; a no callar; a callar a veces; a denunciar; a alabar; a preguntarme; a leer; a disfrutar; y a permanecer en esta Roca, entonando mis cantos de sirena.



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