Desde Ginebra
A unos 15 Km al Este de Ginebra hay unas montañas de unos 1.400 metros de altitud llamadas Montsvoirons y en un lugar inigualable desde donde se puede ver por un lado el lago Lèman y por el otro nada menos que los Alpes con el Mont Blanc dominando se encuentra el monasterio de Notre-Dame de la Gloire-Dieu.
Allí vive una comunidad de hermanas pertenecientes a una orden con el largísimo nombre de Hermanas de Belén, de la Asunción de la Virgen y de San Bruno. Esta “familia monástica” fue fundada por un grupo de peregrinos franceses en 1950 en plena Plaza de San Pedro en Roma, coincidiendo con la proclamación por parte del dogma de la Asunción de la Virgen María.
Sus comunidades están influenciadas por los Cartujos y gran parte de su carisma se encuentra en la adoración eucarística. Otra llamativa característica es el rito oriental en su liturgia, sobre todo cantada.
Hace no mucho tuvimos la ocasión de presenciar una ceremonia de toma de hábitos de una joven novicia. Allí estaba su emocionada familia venida de Bretaña, especialmente sus dos hermanas, ambas monjas de la misma orden aunque en distintos monasterios: uno en el Sur de Francia y el otro en Tierra Santa. La pregunta con la que subí a la montaña era ¿que puede hacer que tres hermanas sientan la vocación propia del claustro en una sociedad tan materialista como la nuestra donde tan solo se valoran los logros profesionales? La belleza de la ceremonia, la autenticidad de lo que allí se vivía, la generosidad con la que improvisaron una invitación a comer, la sencillez de cada una de sus palabras y gestos, y sobre todo, la alegría contagiosa de las hermanas me dieron la respuesta y cuando bajé la montaña lo único que me apetecía era volver a subirla. Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas. Marcos 9:5
¿Y qué tiene que ver todo esto con la Parroquia de San Jorge? Pues absolutamente todo. Si descubrimos este monasterio fue porque una amiga parroquiana con quien di catequesis de post-confirmación hace años y que hoy día vive cerca de la Cartuja de Jerez hospedó durante unos meses a una de estas tres hermanas en su casa, concretamente a la que tomó los hábitos aquella luminosa mañana de Agosto. Gracias a su insistencia en presenciar la ceremonia nos visitaron y les acompañamos.
Mis hijas se enamoraron de la monjita y la acompañaban de la mano a todas partes.
A mi me sentaron a la mesa haciendo de traductor entre la familia de Bretaña y una rama de Escocia, ninguno de los cuales hablaba el idioma del otro. La madre Superiora resultó ser hija de catalanes y hablaba perfectamente castellano. Nunca he participado en un almuerzo tan peculiar pero pese a ello todos nos encontrábamos muy cómodos.
Esta orden, mayoritariamente femenina pero que cuenta también con su equivalente masculino, está teniendo un crecimiento extraordinario y se ha extendido por todo el mundo. Entre las novicias que tomaron los hábitos había de varias nacionalidades.
Aparte de la ya mencionada Cartuja de Jerez las Hermanas de Belén también se encuentran presentes en España en otro lugar: en el monasterio de Santa María Reina, de Sijena (Huesca). Uno de los “fans” del monasterio de Montsvoirons y que pasa por aquí cada vez que puede es nada menos que el Cardenal Arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco Varela.
Estén atentos a sus pantallas (en su defecto este SJD), el Cardenal tiene previsto hacerle hueco a estas monjitas cerca de Madrid. Yo desde la ventana de mi casa veo la cumbre de la montaña. Sería un hermoso regalo a los madrileños si desde la cúpula de San Jorge se divisara algo parecido.
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