La impunidad de la mentira
La mentira ha tenido protagonismo en la Historia desde que el hombre es hombre. Yo diría, desde que el niño se hace hombre, pues durante la infancia somos, en muchas ocasiones, cruelmente sinceros.
La historia de cualquier persona está sembrada de ciertas mentiras, algunas “piadosas” y otras de mayor calado. Los católicos las confesamos posteriormente y somos perdonados por Aquél que todo lo sana. Los no creyentes, pues no sé muy bien qué harán, quizás cicatrizar como pueden sus faltas.
La mentira, pues, ha sido vil compañera de la Humanidad desde todos los tiempos. Y digo vil porque en toda sociedad -religiosa, supersticiosa o atea- ésta siempre ha sido marginada, esquivada o, al menos, públicamente rechazada. Toda persona, tenga la convicción moral o religiosa que tenga, afronta la mentira como algo éticamente despreciable.
Dicho esto, he de reconocer que me deja casi sin aliento el comprobar que nuestro Presidente del Gobierno ha mentido sin pestañear en una cuestión de tanta relevancia, política y moral, como es la negociación con los terroristas que llevan sembrando España de dolor y tragedia más de treinta años.
Como por todos es sabido, tras el mortal atentando de la T-4, el Gobierno, por boca de su Presidente y de su Ministro de Interior, afirmó con aparente rotundidad que el mal llamado “proceso de paz” estaba roto y liquidado. Meses después, el Señor Rodríguez Zapatero confiesa, sin despeinarse, que la negociación con ETA se mantuvo tras dicho asesinato terrorista. Y aquí no pasa nada. A lo sumo, duras críticas de los dirigentes del Partido Popular y de algunos medios de comunicación.
El resto de partidos políticos y, sobre todo, la sociedad española en su conjunto, callada como quiere este Gobierno que se calle la Iglesia Católica. Mutis por el foro. Silencio sepulcral. Y yo me pregunto: ¿es porque la sociedad está adormecida o es porque tiene tan poca credibilidad la palabra del Presidente que a nadie le ha sorprendido tan ruin mentira?
Por último, en esto días la prensa – bueno, parte de ella- está demostrando que el Gobierno, más concretamente Zapatero y Rubalcaba, tenía informes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional sobre la mesa antes de las elecciones municipales de mayo del 2007 y antes de las autonómicas en el País Vasco del 2005, en los que se probaba fehacientemente que ANV y PCTV eran las entrañas de Batasuna, véase, de ETA.
Durante estos meses, incluso años, este Gobierno se ha empeñado en descalificar a todo aquel que manifestase esta relación entre los mismos con distintas marcas, y en desmentir tal mencionada relación. Es decir, Zapatero ha vuelto a mentir. Mejor, lleva mintiendo muchos meses. Más aún, la mentira como actitud vital tiene más intimidad con él que su querida Sonsoles.
Siempre se dijo de los españoles que somos envidiosos. Pero: ¿es la mentira nuestro nuevo pecado nacional? Espero y confío en que no. Especialmente, a partir de marzo.
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