LAS VECINAS DE SAN JORGE
Apenas se les oye, y se dejan ver muy poco pero son más de 100 las vecinas que tenemos en San Jorge y con las que compartimos jardín e Iglesia. Están atendidas por las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul y por un grupo de voluntarios con vocación de ser ampliado…
La residencia es inmensa. Se estructura en 9 pabellones, además de las zonas comunes (salones, comedor, cocina, gimnasio, capilla…). Cada pabellón está encomendado a una Hermana y tiene capacidad para 10 o 15 personas.
Nos acercarnos una tarde a conocerles y desde entonces, los viernes por la tarde tenemos “cita obligada” en el Pabellón de San José. En cuanto franqueamos la puerta es imposible que la sonrisa no asome a los labios al percibir el cariño y la ilusión de sus miradas; todo son piropos, agradecimientos y palabras amables para con nosotras.
Sus vidas son largas e intensas así que todas tienen mucho que contar y, entre partida de cartas y partida de cartas, las historias van saliendo a la luz.
Aurora supera la barrera de los ochenta. Fue auxiliar de clínica en La Paz y lleva un año en la Residencia. Tiene vértigos y mareos, así que de vez en cuando se toma un vasito de “Anís el Mono” para enderezar su marcha y poder seguir dándole al naipe sin dificultad. Aun así, la sonrisa no se borra de su cara.
Lala nos recibe desde la butaca, sin levantar la vista de su labor. Por las mañanas ayuda en la lavandería y por la tarde, tricota sin parar. Cada viernes tiene entre manos una chaquetita de punto diferente. Ahora bien, está al quite de la conversación y no pierde ripio de lo que comentamos…
Parchís, dominó, cartas… y hasta punto!. Sofía ha conseguido enseñarnos a manejar las agujas. Pertenece a la congregación Hermanas Marías Nazarenas, fundada por el Beato Manuel Gonzalez, Obispo del Sagrario Abandonado. Fue profesora en Santander y, a la vista de sus artes docentes, debía de llevar a sus alumnas “como velas”, pero con nosotras se ha relajado y lo da por imposible. Tiene una paciencia infinita; nuestra labor es digna de ser deshecha en cuanto salimos por la puerta, puntos que se pierden, nudos en la lana…. De hecho, es ella la que de viernes a viernes nos va adelantado el trabajo y va a acabar haciendo sola el muñeco que nos hemos marcado como objetivo. Tiene un corazón enorme, a pesar de lo que nos riñe…
Matilde nos hace compañía desde su silla de ruedas, igual que Isabel. Elvira lleva más de una década en la Residencia. Entró con su hermana cuando empezaron a aparecer los problemas de vista. Actualmente ve muy poco, pero lo que ha perdido de vista, lo ha ganado en oído y memoria. No se le escapa un nombre, un dato… Lo controla todo.
La que anda más dura de oído es Maria Luisa, que se pasea con el móvil sonando y ella, sin enterarse. Roza los noventa años y salvo el oído, ya firmaríamos muchos por llegar a su edad como está ella …
La tarde pasa volando, no hay tiempo para aburrirse. Las historias se agolpan, y a veces, hay que pedir turno para hablar.
Muchas no reciben más visitas que las de los voluntarios. Por eso os animamos a que os acerquéis a verles. La gratificación está garantizada; ahora bien, hay que pedir cita porque entre el bingo, la gimnasia, los rosarios, las conferencias…. nuestras vecinas están muy ocupadas. Igual por eso se les ve tan poco. Aun así, seguro que están encantadas de compartir con vosotros un rato, pero cuidado, que engancha!
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