Los Reyes Magos visitan nuestra parroquia de San Jorge

Faltaban pocas horas para que sus Majestades Melchor, Gaspar y Baltasar volvieran a visitarnos a todos en casa, la noche del 5 de enero. Estábamos expectantes, como cada año. Deseosos de que amaneciera el día 6. Por fin veríamos los regalos. ¿Qué nos habrán traído este año?

Y se adelantaron los Reyes y enviaron a unos emisarios de avanzadilla a San Jorge. Un regalo maravilloso, con el que no contábamos. ¿O sí?

Juan Pedro nos lo había anunciado semanas antes, pero siempre puede quedar la duda hasta el final, de que realmente pudieran hacerlo. Que no quedara en carbón nuestra ilusión. No fallaron.

Muchísimos niños, chicos y grandes, les esperábamos. ¡Qué alegría! Ya están cerca. ¡¡Los vamos a ver entre nosotros!!

Los villancicos, bien arropados por guitarras y zambombas, dieron la bienvenida. Los más chiquitines prepararon sus cartas con algún regalillo de última hora o para recordarles lo que ya les habían pedido. Juan Pedro, atento a la jugada como siempre, nos orientó a todos en la petición de los regalos reales -por su procedencia regia y por su realismo y verdadera importancia-, que debíamos esperar de los Reyes Magos: alegría y esperanza, amor, cariño, solidaridad, amistad, tiempo, salud, paz…

Llegaron los tres Reyes en la persona de sus emisarios acompañados por una hermosa doncella, que actuaba de paje. Saludaron a los niños, leyeron sus cartas y ofrecieron al niño Jesús, ante el precioso Belén de la Iglesia, sus ofrendas: Oro, incienso y mirra.

Nos dimos cuenta de que una vez más los Reyes Magos estaban ya entre nosotros. Como todos los años. Llegan y nos recuerdan que ha nacido Dios hecho hombre y debemos adorarle.

Algunos niños dudaban todavía ¿Son estos los verdaderos Reyes? ¿Pero existen de verdad? ¡No me lo puedo creer! Sus papás les explicaron rápidamente que claro que sí que existen. Por supuesto que sí. Y son más reales que muchísimas otras cosas que no dudamos que son ciertas. Hay que verlos y sentirlos con los ojos de la fé… y vaya si se perciben.

Si no existieran de verdad no recibiríamos cada año sus regalos reales, como recibimos ese día en San Jorge:

Alegría porque sentimos que Dios se ha hecho hombre, como tú y como yo, de carne y hueso, para salvarnos y marcarnos el camino de la verdadera y plena alegría, sin miedo, con infinita esperanza y certeza.

Amor por sentirnos infinitamente amados, protegidos, guiados, percibiendo en las cosas diarias más simples y más sublimes su infinito cariño de Padre cercano. Igual que en nuestra familia en casa y en la de los hermanos en la fe cristiana, que tan evidentemente se siente en San Jorge. Donde la profunda amistad es el canal de unión de cuantos tenemos el privilegio de pertenecer a esta parroquia, que nos enseña a diario, entre otras muchas cosas, que el tiempo dedicado a cumplir el plan marcado por el niño Jesús es el único que vale para nuestra salvación. En la tierra y en el cielo.

La salud suficiente para seguir sus planes ya nos la traen los Reyes día a día. Pues por muy deteriorado que esté nuestro cuerpo siempre nos queda, aunque sea un halo de vida, para dar gracias a Dios, ofrecernos a cumplir su voluntad y tener la inmensa certeza de que volveremos a la plena salud y plenitud de fuerzas para contemplarle cara a cara y esta vez para siempre eternamente.

¡Qué paz! ¡Que fuerza y que esperanza infinita! ¡Qué alegría! ¡Vaya regalazos que han traído los Reyes!

Vinieron los Reyes Magos a San Jorge el día 5 de enero y descubrimos que realmente siempre están allí.

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