Querido Estudiante
Sé que estudiar no es tarea fácil, supone sacrificio y renuncia a las propias apetencias. Pero, como todo, se hace más llevadero al cobrar sentido.
Tú, estudiante, eres un conquistador de ti mismo. Debes llevar una vida ordenada (e incluso a veces un tanto monacal) pero a la vez apasionada. Eres tu propio rival, estás constantemente auto superándote, en continuo crecimiento. Pocas cosas dan mayor conocimiento de uno mismo y conciencia de la propia pequeñez que estudiar cuando cuesta.
Son muchas las horas que pasas solo, pero en ese retiro está también Cristo, a tu lado. El estudio puede ser un momento de intimidad con Dios, un momento de oración, solo tienes que ofrecerlo.
Brindar mi estudio cada día hace que tenga más sentido. Antes de empezar rezo y entrego una de las cosas más valiosas y personales de la jornada: mi esfuerzo ante los libros. El motivo varía cada día pero el valor siempre es el mismo.
“Se misionera desde el pupitre” solía decirme la Madre Cristina, y desde entonces esta idea ha iluminado cada una de mis horas de estudio.
Cristo quiere actos de amor y abnegación desinteresados, solo por el prójimo. Ahora tienes ante ti una gran oportunidad, una fuente inagotable de presentes que ofrecer a diario.
Recuerda que uno de tus grandes rivales es la incertidumbre, no saber si todo tu esfuerzo se verá recompensado en algún momento. Dicen que la gran tentación del opositor es la desesperanza.
Cada examen es una apuesta arriesgada que puede hacer aumentar la confianza en Dios y, consecuentemente, también el amor. No hay amor sin confianza; el que sabe estudiar manteniendo la paz confía y, por lo tanto, ama.
No tengas miedo a lo que pueda ocurrir, el pasado es de su Misericordia y el futuro de su Providencia, a ti solo te queda el presente. Como decía San Agustín “trabaja como si todo dependiera de ti y reza como si todo dependiera de Dios”.
El estudio no es un fin en si mismo, es un medio. Lo hacemos porque queremos formarnos, para darnos mejor a los demás. Porque queremos cambiar las cosas. Y sobre todo porque es la voluntad de Dios.
Por ello, es fundamental cultivarse con ánimo de aprender y no solo de aprobar. Estudia consciente de que puede no recompensarse todo tu esfuerzo, pero sabiendo también que la voluntad de Dios siempre será mejor que la tuya.
Si no consigues los resultados propuestos crecerás en humildad, tal vez te construya más el esfuerzo realizado que alcanzar la propia meta. Y si logras lo que te propusiste agradéceselo a Dios, porque nada en la vida es solo mérito propio, Él participa en todo.
Sé que el tiempo brilla por su ausencia, pero no descuides la oración.Ahí encontrarás la fuerza para superar cada prueba a que te enfrentes. No podemos hacer nada sin Dios.
Antes del examen, reza al Espíritu Santo para que asista a tu inteligencia y memoria (no para que haga milagros…) Ofrece a María todo tu trabajo antes de la prueba y pónselo a sus pies para que Ella pueda poner su sello y engrandecerlo.
Con todo mi ánimo,
Adela.
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