Yo tengo razón
¿Defender la razón es siempre muestra de amor?, ¿Fiarse de la razón en nuestra vida como valor principal nos hace libres para amar?, medir nuestras experiencias en criterios puramente racionales, ¿nos hace más felices?, ¿Se puede amar sin razón?.Aunque parezca mentira, los hombres, yo el primero, hacemos que el amor y la razón se hagan antagónicos en muchas ocasiones.
Seguro que si pensamos en respuestas para estas preguntas, encontraremos algunas muy razonables. Tan seguro como que podríamos encontrar tantas respuestas distintas como personas que contestasen. ¿Tendría alguna más razón que otra?
Pensareis que he perdido la razón, pero no creo que eso haya sucedido de momento. Intentaré explicar lo mejor posible el porqué de esta reflexión.
Uno de mis mayores defectos (y también contra el que más lucho) es que soy muy cabezón y me empeño en llevar la razón en las discusiones. Con mis seres más queridos ese defecto se multiplica y se hace mucho más patente. Cuando surgen desacuerdos mi cabeza automáticamente comienza a hilar argumentos y cuando las diferencias se solucionan, lleve o no lleve la razón me siento muy mal, sin paz.
Llevo tiempo intentando encontrar los motivos que me llevaban a esa situación. Mil justificaciones han pasado por mi cabeza, pero sólo he hallado respuesta en un lugar. En los primeros versículos del capítulo tres del Evangelio según San Juan, Cristo habla a Nicodemo, maestro de Israel, acerca de la necesidad del hombre de nacer según el amor y no fiarse de lo que comprende o deja de comprender por la razón.
¡Esa es la respuesta a mi pregunta! No encontraba la paz porque las razones no me llenan. Porque sentirme acreedor de una disculpa por parte de una persona querida erigiéndome como parte ofendida no me hace feliz. Cuando he intentado y a veces conseguido, obrar y discutir con el amor como valor principal todo ha sido mucho más fructífero y sobre todo no ha hecho daño a nadie ni me ha llevado a perder la paz.
Cuando juzgo sin amor a quien me ofende incurro yo en mayor ofensa. Los cristianos sabemos que la felicidad está en ser amantes, buscar la paz y vivirla, convivir alegres y sabedores de que lo importante no es saber quien tiene la razón ya que lo cierto es que no hay razón para reñir, enfadarse y herir al prójimo al igual que no hay razón para dejar de amar y en cambio sí que hay infinitas para hacerlo.
No quiero confundir a nadie y lo que digo no implica actuar sin pensar ni reflexionar sino todo lo contrario. Creo firmemente que lo más razonable es guiarse por el AMOR, no conformarnos con sucedáneos sentimentaloides, sino buscar ese amor que todos hemos experimentado alguna vez y que llena nuestro corazón de paz.
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