Cuando la reeducación es una necesidad

belleza-nueva.jpgInmersos en plena era de la comunicación, dónde acceder a la información se ha vuelto tan sencillo, los niños, los adolescentes, los jóvenes de hoy vivimos sobrecargados de imágenes. La televisión, las revistas y las conversaciones están repletas de recetas para que conozcamos de qué formas actuar. Se habla mucho de sentimientos, de necesidades y de amor…pero…¿Estamos aprendiendo a ser verdaderamente hombres y mujeres? Impresiona bastante asomarse a algunas series de televisión actuales. Los estereotipos son escandalosos y tras ellos, un mensaje de lo que el hombre aparentemente necesita, se manifiesta. Hijos que se rebelan sin motivo concreto, familias desestructuradas, infidelidades que provocan la hilaridad de todos y que siempre se justifican y un mensaje claro de “Haz lo que el cuerpo te pida”.Es sorprendente cómo se nos invita a separar nuestro cuerpo de nosotros mismos, de modo que parece que lo que nuestro cuerpo hace fuese algo independiente que no tiene por qué afectar a nuestra cabeza o nuestro corazón. “Las necesidades del cuerpo hay que satisfacerlas, y la mente, liberarla” Frases tan absurdas como éstas son las que escuchamos, a menudo nos creemos y en ocasiones incluso pronunciamos nosotros mismos.

Pero no se trata de navegar en el pesimismo, hacerse el hara-kiri y lamentarse de lo mal que va el mundo. Baste preguntarse si este ataque indecoroso a los anhelos del corazón del hombre nos ha hecho más felices.

En las edades jóvenes, la respuesta es clara: No. Los problemas psicológicos juveniles, la creciente delincuencia, el acoso escolar, el número de embarazos no deseados, la espeluznante cifra de abortos, las relaciones sexuales precoces con sus derivados problemas posteriores nos enmarcan una realidad que indica sin género de dudas, que la educación afectivo-sexual de los niños-jóvenes de hoy está siendo muy deficitaria.

Una vez superada la juventud, todo parece indicar que la realidad no es tampoco muy halagüeña. El increíble aumento de los divorcios, la grave desestructuración familiar y la creciente demanda de terapias psicológicas alude a esta idea de que la necesidad de reeducarnos todos en una sana forma de conocimiento se hace cada vez más inminente.

A pesar de esta realidad existen motivos para la esperanza. Reconocer que en pleno siglo XXI y tras los numerosos avances de la ciencia, el corazón humano sigue siendo creado y construído de la misma forma que al inicio de los tiempos, nos proporciona una valiosa herramienta de trabajo. El hombre moderno, al igual que el hombre antiguo sigue deseando lo mismo que antaño. Busca la felicidad (aunque yerre en el camino de alcanzarla) anhela la plenitud y goza de una necesidad infinita de amar y ser amado.

Sabemos lo que el hombre necesita. Sabemos lo que el niño, el adolescente, el joven de hoy alberga en su corazón (a grandes rasgos, o de un modo intuitivo) de ahí que

encaminar las fuerzas hacia un punto concreto resulte algo más sencillo dentro de la complejidad de los temas de los que hablamos.

La reeducación afectiva urge. Es la asignatura pendiente del hombre de hoy. Si tienes alguna idea de cómo enfocar esta verdad no dudes en llevarla a cabo. Es una responsabilidad compartida, por ti y por mí.

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Comentarios (2)

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  1. Floren dice:

    Apreciada Marta: Los grandes problemas humanos y las grandes pasiones siempre han sido y se han ido sucediendo a lo largo del tiempo, basta con ver la interpretación de las tragedias griegas, o incluso las comedias, para darnos cuentas que, vestidos con distinto ropaje, los seres humanos seguimos siendo lo que somos y tenemos, con la diferencia que Cristo dió la “Solución” a esos problemas y pasiones, y que no nos molestamos en tan siquiera escuharla, por distintos motivos. El fundamental, a mi juicio, porque creemos que nuestro “problema” es sólo nuestro y queremos una “solución” individual y válida únicamente para nosotros. Grave necedad. Cristo nos habla a todos si, pero cada uno sabe dónde le “aprieta el zapato”, y no resulta cómodo buscar las “soluciones” en Cristo. En un mundo en el que nos acostumbramos a ser “esclavos de la comodidad”, aunque añoramos la libertad de la alegría de seguir a Cristo, el miedo a creer que Él es la verdadera Vida nos agarrota y nos paraliza para romper con las cadenas de esa “falsa seguridad”.
    La pregunta que a mí se me plantea es la siguiente: ¿Realmente aprendemos lo que es necesario y nos hace felices?. Y para no dejarlo así , me contesto; cuanto más aprendo de Cristo más feliz soy.

  2. Mota dice:

    Muy buena columna, Martuky.

    Qué cierto la necesidad de reeducación. Fomentar la cultura de la vida, de la familia, de los “valores tradicionales”.
    Desde los púlpitos, desde las catequesis, en los matrimonios, en los grupos de jóvenes. En nuestras conversaciones, en nuestro tiempo libre…

    Como siempre, Mart, muy bueno el fondo,y mejor aún la forma.

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