La vida que te espera…

Ahora que ya queda menos para que veas la luz pienso mucho en la vida que te espera.

Me resulta curioso quererte cuando todavía no nos hemos visto las caras, cuando aún no he escuchado tu llanto, ni tu risa, ni tu voz, cuando no sé muy bien quién eres ni quién serás. Pero lo cierto, es que ya me he acostumbrado a escucharte, a tus movimientos y a tu compañía constante mientras duermo, mientras como o mientras hablo. Y me gusta ir contigo a los sitios. Aunque me duele la espalda porque ya eres gordita, porque tus piernas no paran de dar patadas y tus manos parecen deseosas de saludar. Me gusta que existas.

Te he visto en alguna fotillo. Ahora las nuevas tecnologías hacen maravillas y he podido comprobar con gran satisfacción que tienes pies griegos, nariz chata y pómulos prominentes. La verdad es que no me imagino tu cara pero tampoco me importa. Supongo que en el momento en que te vea no te podré olvidar.
He oído tu corazón. Late, lo he escuchado y es impresionante. Late desde que eras muy, muy pequeña y recuerdo emocionante comprobar que la vida se me había regalado.

Cuando digo que pienso en la vida que te espera, en realidad pienso en la vida que voy a vivir contigo y en que me asalta siempre una idea, por encima de todas: Que seas feliz.
No sé si lo serás, ojalá pudiera asegurar que sí. No sé si tu padre y yo lo haremos bien, si sabremos educarte. No sé nada de nada…pero debajo de la incertidumbre subyace esa tranquilidad que preside la vida cuando está Cristo, que hace que las cosas que se escapan del entendimiento de uno, den paz, por esa certeza de que Aquél que ya te conoce, porque te ha creado, sabrá cuidarte mejor que yo.

No me imagino como madre. De hecho, tengo la intuición de que no lo haré muy bien. Te pido paciencia conmigo. Soy novata en estos menesteres y entre mis defectos se destaca la impaciencia, cosa que creo nos dará algunos problemas. Para tu tranquilidad, te diré que tengo el listón muy alto porque mi madre biológica y la que ambas vamos a compartir han sido extraordinarias. Aunque no lo haga tan bien como ellas, son buenas referencias, créeme.

Por ahora me despido de ti, pero sólo será un rato. En breve volveré a oírte revolotear por aquí cerca, y en apenas dos meses nos veremos las caras. Hasta entonces, miraré por la ventana, pasearé por las aceras y dejaré que el sol cubra mi cara mientras pienso en ti. Te mando un beso muy, muy fuerte, con todo mi amor.

Filed Under: Columna Libre

112 Visitas



Dejar un comentario