Palabra Viva

peq.jpgAnte la pregunta de adónde queremos llegar seguramente todos dibujamos mentalmente una escalera en ascenso y la meta que da respuesta al interrogante está en la parte superior de la misma. ¿Está esto en concordancia con la vida de un cristiano?

A veces creemos que la palabra de Dios o de sus representantes en la tierra son difíciles de bajar a nuestra vida, de hacerlas vivas. Leyendo el libro de “Jesús de Nazaret” de Benedicto XVI, me he visto interpelado en una parte muy concreta, ya que me hablaba a mí directamente, en mi vida y en mis circunstancias y posiblemente como a mí me ha servido también sirva a otros, por ello lo comparto con quien lo lea.

 

La parte del libro a la que me refiero es en la que el Papa hace un exhaustivo análisis del “Sermón de la Montaña”, especialmente de las Bienaventuranzas y más en concreto de la que dice así; “Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8)

 

¿Qué es ser limpio de corazón? Un cristiano debería seguir a Cristo y querer poder decir “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí” (Ga 2, 20). Sólo entrando en los mismos sentimientos de Cristo se producirá nuestra purificación de corazón, se limpiará. Ahora bien ¿sería acorde la vida de Cristo con esa escalera que dibujamos para nuestra vida?, creo que es algo que todo cristiano se ha de preguntar.

 

San Pablo en su carta a los Filipenses hace una invitación a tener los mismos sentimientos de Cristo “El cual, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomo la condición de esclavo, pasando por uno de tantos….se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó….” (Flp 2, 6-9).

 

Tras leer esto mi escalera ha cambiado. No lo que había en la meta ni en los peldaños, pero si el sentido de la misma que ha pasado a ser descendente. El ascenso a Dios se produce precisamente en el descenso de Cristo. “Dios desciende hasta la muerte en la cruz y precisamente así se revela en su verdadero carácter divino.”(Benedicto XVI). El cristiano por tanto solo asciende a Dios acompañando a Cristo en su descenso.

 

Cristo hace nuevas todas las cosas, entre ellas mi escalera, y sé que si quiero tener un corazón puro no tengo más que descender humildemente al servicio en el amor. Un amor que como dice el Santo Padre es fuego que purifica la razón, la voluntad y los sentimientos. Meditando acerca de ello, inevitablemente vino a mi mente el capítulo trece de la primera carta a los Corintios de San Pablo en la que encadena una serie de condiciones donde yo podría escribir mis anhelos en la vida, esos peldaños de mi escalera pero que indudablemente deben estar condicionados por firmar cada conclusión de sus frases, “Si no tengo amor, nada soy

 Si ésta no es Palabra Viva, ¿qué lo es?

Filed Under: Religión

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Comentarios (1)

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  1. Mota dice:

    Alfonso, me ha encantado tu columna.
    Muy certada. Muy clarificadora. Muy profunda.
    Y trasmite mucha fe, en Dios, en el Papa, en la Iglesia.

    Muchas gracias, y a seguir avanzando mientras descendemos con Cristo en el amor.

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