Rezando con las siete palabras de María
María sólo se pronuncia en seis ocasiones en la Escritura. El resto del tiempo, permanece en silencio. Hagamos un recorrido por todas estas ocasiones.
1.Cuando el ángel se le aparece y le anuncia que dará luz a un hijo, responde:
“¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”
Dios cuenta con María. Se vale de su humanidad y su debilidad para que la Salvación llegue al mundo. Se ha hecho realidad algo imposible, gracias a María: alguien pobre, sin voz. María duda. Pero no se cierra al Señor, sino que le presenta su limitación. Esa duda de María, abierta al Señor, hace posible la actuación concreta de Dios en la Historia. También en nosotros, vivir la duda abiertos al Señor, es una manera de hacer posible su actuación en nosotros.
2.“He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según Tu palabra”
María dice “sí” al Señor y se abre a Él, abandonando toda seguridad que no esté puesta en Él.
Hasta que María no dice “sí”, no se abre un nuevo capítulo en la historia de la Salvación. Dios espera a tener su consentimiento, un sí generoso y disponible, aunque con dudas. Dios no invade nuestra historia, sino que entra de tal manera en el mundo del hombre que no le domina. Al contrario, se pone a plena disposición del hombre.
María es humilde: porque sabe que contribuye al plan de Dios, no por sus cualidades, sino porque Dios se empeña. No se trata tanto de hacer, cuanto de disponernos.
3. Magnificat
«Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen…”
María sabe reconocer los prodigios que el Señor hace en su vida y eso le llena de gozo y agradecimiento. Saber reconocer el don y vivir la vida como un regalo conduce a la gratuidad.
Después de su encuentro con el ángel, lo primero que hace María es salir a servir a su prima. La reacción de María después del anuncio del ángel no fue quedarse absorta y ensimismada en la sublimidad de su nueva condición, sino la de tomar el hatillo y marchar aprisa a servir a otra mujer en una situación parecida a la suya. María cautiva por la sencillez de su saludo, su comunicación cercana y su alegría radiante cantada en el Magníficat. Esto es el programa de su vida: no ponerse en el centro, sino poner a Dios, estar disponible y presta a su llamada; fijar la mirada en Jesús para que la transforme.
4.«Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.»
Cuando pierden a Jesús en el templo, todavía siendo un niño, María se disgusta. No se queda impasible cuando no entiende al Padre, sino que pregunta y toma una postura. No se resigna: se permite sufrir y padecer.
5.En las bodas de Caná, dijo a Jesús:
“No tienen vino”
María está atenta a las necesidades, tiene una mirada sensible, puesta en los demás, que descubre lo que no es evidente a primera vista.
En cuanto se da cuenta de que algo hace falta, recurre al Hijo.
6.Acto seguido, después de haber puesto al corriente a Jesús de la situación, les dice:
“Haced lo que él os diga”
Es la última palabra de María en la Escritura. Es su testamento.
7. El silencio.
María desaparece cuando Jesús sale a su vida pública, aunque permanece en silencio, está. Por eso podemos comunicarnos con ella, porque siempre está, permanece. Sabe callarse para que hable el Señor. Ella ha seguido ese camino. Y la propuesta del Padre es que lo podamos seguir también nosotros. Un camino en que la discreción se lleva la palma y en el que el anonimato se pierde sólo cuando todos han abandonado a Jesús ante el peligro de la muerte. Ella sigue con él hasta el final: se queda a los pies de la cruz, y deja ir a su Hijo querido. Es el signo de la fidelidad materna que no cede ante los obstáculos. Si antes era la Madre la que mostraba el camino del Hijo –“haced lo que Él os diga”-, ahora es Jesús el que apunta a María: “Hijo, aquí tienes a tu madre”, a la mujer-madre siempre fiel.
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