San José Moscati, el médico santo

“Si por la verdad tuvieras que sacrificarte a ti mismo y a tu vida, sé fuerte en el sacrificio”

San José Moscati

 José Moscati es uno de esos santos que pasan desapercibidos en el calendario (su fiesta fue el 12 de abril, y casi a nadie en SJ le habrá llamado la atención). Pero esto es lo que tiene la Iglesia: infinidad de joyas escondidas que nos hablan de Dios (como son los santos), perlas grises depositadas en el fondo del océano, que uno no descubre hasta que se arriesga a bucear un poco.

José Moscati nació en Beneto en 1880. Ingresó en la Facultad de Medicina de Nápoles, y a los 22 años se graduó, con las mejores calificaciones de su promoción. Su día a día transcurría de la siguiente manera: se levantaba diariamente muy temprano para ir a misa y recibir la comunión. Después se dirigía a las a los barrios más desfavorecidos para ver a algunos enfermos y a las ocho treinta de la mañana iniciaba el trabajo en el hospital.
En 1911 fue nombrado director del Hospital de Incurables (dedicado al cuidado de los enfermos en situación más desesperada), puesto que compagina con sus responsabilidades como profesor de la facultad de Medicina. Sus pacientes predilectos eran los pobres. Así lo demuestra su decisión, en 1917, de renunciar a la prestigiosa Cátedra de Química Fisiológica, para seguir dedicándose a la curación de los enfermos más olvidados.


De los pobres nunca aceptaba honorarios, antes bien los curaba a sus expensas o los ayudaba sin hacerse notar. Después de la muerte del doctor, su hermana Ana aseguró que durante su vida, dedicó todas sus ganancias -que no eran pocas- a los pobres, sin quedarse con nada.
Su comportamiento fue heroico durante la erupción del Vesubio. Se ofreció voluntario para desalojar el Hospital de la Torre del Greco, donde trabajó sin descanso durante veinte horas, y en situación de claro peligro de muerte. Tampoco le preocupó su seguridad durante la epidemia de cólera de 1911 en Nápoles. Se mantuvo en su puesto a pesar de que los demás médicos se ausentaban, sosteniendo con abnegación las tareas más difíciles en las zonas más afectadas de la ciudad.
Sin embargo, no son estos actos heroicos los que más devoción despiertan el los napolitanos. Lo más destacable de la vida de Moscati, es su deseo de vivir apasionadamente en el día a día, sus obligaciones profesionales y académicas; es su trato amable y cercano con toda persona que se cruzara en su camino (desde catedráticos y otras personalidades, hasta pobres y enfermos, pasando por sus alumnos de la facultad, y compañeros de hospital). Lo memorable de su ejemplo es vivir su amor a Cristo en el lugar que le correspondía, dándose a los demás en el camino de su vocación como médico y como profesor.
Definitivamente, Moscati es un santo moderno, lo cual me hace recordar la frase que Juan Pablo II pronunció ante un millón de personas en Colón, en 2003: “se puede ser un joven moderno, y profundamente enamorado de Jesucristo”. De esta forma, es hora de desterrar el mito que nos invita a pensar que para buscar la santidad hay que ser “cura o monja”, o tener vocación para ello. Hermanos, si no empezamos por amar a Cristo hoy y ahora, ¿creéis que lo amaremos más, en otro momento, lugar o circunstancia?

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Comentarios (3)

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  1. Loreley dice:

    Me gusta la figura de S José Moscati. Probablemente, al ser menos exótico que otros, ilusione menos. Todo el mundo querría ser como San Francisco Javier, pero la idea de una vida entregada en medio de lo cotidiano nos llama menos la atención. Gracias por acercarnos a este hombre, y gracias por tu increpación final. Si nuestra entrega no existe aquí y ahora, entonces es una ensoñación. Lo cotidiano, la vida de cada día, es nuestro ámbito de actuación.

  2. Mota dice:

    Genial columna Harrier.
    Muy bien elegido el santo. Al menos yo, no tenía ni idea de quien era.
    Y es cierto, según vas leyendo lo que escribes de su vida, piensas: “qué gran hombre, qué generosidad, qué amor”. Pero cuando llega tu momento, en tu vida: ¿Renunciaría yo a un prestigioso puesto de trabajo por ayudar a los más necesitados?. ¿Y por atender más y mejor a mi familia?.
    Gracias Javi. Por cierto, muy bien escrito.

  3. tuky dice:

    Qué grande, en lo pequeño. A menudo empeñados en buscar grandes retos, grandes cosas, grandes hechos, cuando la salvación empeiza aquí mismo. En el lugar que cada uno tenemos para vivir…el sitio concreto en el que Dios nos ha colocado.
    Me ha flipado S.José Moscati.Gracias!

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