“GRITA EL EVANGELIO CON TU VIDA” (I)
Tan pronto creas que hay un Dios, comprende que desde ese momento ya no puedes hacer nada más que vivir para él. Y lo verás: verás entonces que tu vocación, la verdadera, data del mismo momento que tu fe.
Si hubiera leído estas palabras en un texto anónimo, seguramente me hubiera sentido igual de interpelada, y hubiera visto también que mi vida tiene que seguir cambiando. En ese caso, me estaría planteando la urgencia de una gran conversión o la necesidad de conseguir destacar de alguna forma como herramienta para servir con eficacia a Cristo. Cuando leo “vivir para él”, mi tentación primera es divagar entre sueños de grandeza, gran entrega, gran ejemplo, grandes esfuerzos, grandes luchas, grandes logros… Cuando leo “vivir para él” y me imagino al Padre Foucauld, me doy cuenta de que la santidad no es un camino de grandes triunfos. La vida del Padre Foucauld lo demuestra.
Según los criterios convencionales, la vida de Charles de Foucauld terminó siendo un fracaso. En el momento de su muerte, en 1916, no había publicado ninguno de sus escritos espirituales, ni había fundado congregación alguna, ni había conseguido atraer a ningún seguidor. Ni siquiera podía afirmar que había sido el responsable de una sola conversión.
Quién hubiera predicho sin embargo que este soldado, explorador, monje y, finalmente, ermitaño en el desierto, se convertiría, póstumamente en una de las principales figuras espirituales del siglo XX y que sus diarios y cartas serían tan apreciados como para el nacimiento de dos congregaciones iluminadas por su mensaje.
Uno de los momentos claves en su vida, fue el de su viaje a Tierra Santa. Allí descubrió que la esencia del cristiano pasaba por una vida sencilla y oculta, porque así mismo había vivido Cristo. El espíritu de la humildad se convirtió, no sólo en la clave de su interpretación del evangelio, sino en su propia vocación personal, y en uno de los elementos centrales de sus reflexiones escritas:
¡Cómo para mí, esta humildad es la verdad!
Ø Humilde en ideas, conociéndome a mí mismo y mirando mis miserias pasadas y presentes.
Ø Humilde en los deseos, no teniendo ninguna ambición, ningún deseo de la estima de los hombres, sino, al contrario, el deseo de que ellos estén en la verdad.
Ø Humilde en palabra.
Ø Humilde en acciones, no creyéndome capaz de ninguna acción superior, salvo que la obediencia nos lo imponga, si vemos que es la voluntad cierta de Dios.
En la próxima edición de SJD profundizaremos en la vida de Charles de Foucauld. Esto nos permitirá contagiarnos de la humildad, la pobreza y la espiritualidad que impregnan su persona. Pidamos a Dios que se cumpla en nosotros las palabras con que comenzaba esta columna… “ya no puedes hacer nada más que vivir para Él”.
Filed Under: Vida de Santos


enhorabuena CARMEN, he de reconocer q la sección de vidas de santos no es mi favorita del SJD pero en este caso me he quedado con ganas de la segunda parte sobre el padre foucauld, me fascina eso de la humildad en todos los sentidos y maneras (me recuerda a uno de mis santos favoritos, san francisco de asís…)
por cierto CARMEN, según te iba leyendo, me estaba pareciendo escuchar hablar/leer a javier herrero jajaja
Muy buena columna Carmen. Me ha gustado mucho.
Me quedo con esto que pones tan acertado: "Cuando leo “vivir para él”, mi tentación primera es divagar entre sueños de grandeza, gran entrega, gran ejemplo, grandes esfuerzos, grandes luchas, grandes logros… Cuando leo “vivir para él” y me imagino al Padre Foucauld, me doy cuenta de que la santidad no es un camino de grandes triunfos."
Ahora tengo ganas de conocer más de la vida del Padre Focauld, has conseguido despertarme el interés.
Gracias.
Admiro la vida del hermano Carlos!!! conozco a las hermanitas de Jesus, y realmente me han cambiado la manera de palpitar el Evangelio. Un saludo fraterno a la Familia Espiritual del Hermano Carlos!!!